domingo, 5 de octubre de 2014

YO NO QUIERO VOLVER TAN LOCO (Charly García)


Estas imágenes me gustaron mucho y se las quise compartir por el evento que configuran la música de Charly García y las imágenes.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La culpa




Es cotidiano ser testigo de sujetos, que apenas puestos sobre sus dos piernas y apertrechados tras un orgullo tan falso como puede ser todo orgullo, decir "no me arrepiento de nada".
A lo mejor algunos sepan, aunque sea de mala manera, el análisis llevado a cabo por Freud sobre lo que encuebre una negación: básicamente, porque no pretendo hacer un curso de psicoanálisis freudiano, básicamente se trata de que una manera de decir algo reprimido es diciéndolo bajo la forma de un chiste, un sueño, un equívoco o precediéndolo por la partícula "no": "no te odio", es una buena manera de poder manifestar el odio que se siente por alguien. Ahora, pido el favor a quien pueda llegar a leer esto, que no se dedique a lo que se llama psicoanálisis silvestre: andarse por ahí endilgándole sus interpretaciones de sentido a otros, atribuyéndole lo que interpereta al que habla. Es de pésimo gusto y contraproducente.

Retomando. Esa pretención de je ne regret rien (véase la famosa canción de Edith Piaf), es una brabuconada que puede ser bien costosa en consecuencias, porque sostenerse en esa posición es acuciante en la medida en que mientras más tiempo pase más difícil es desistir y más complicado sostenerse: se construye así un lugar inhabitable.

Simplemente, la culpa, un poco como lo pueden leer en las sagradas escrituras, es fundamental: fundamental en el sentido en que un cuerpo se sostiene sobre sus fundamentos gracias el equilibrio de su peso y la normal: la normal, si bien fuerza opositora a la acción del peso, es necesaria. En todo caso, es la culpa lo que sostiene, es uno de los sostenes (me es difícil dejar pasar las ambigüedades del sentido de las palabras: "sostenes" ¿de cuáles?)  del humano. Es posible constatar que se trata de "animal", de "bestia", de inhumano a aquellos que aparentan no sentir culpa o que no dan muestras de sentirla.
Se puede pensar en un violador, en un asesino, pero también apelativos como bestia o máquina surgen ante atletas y portentos de desempeño que superan a todos sus adversarios: es verdad, la culpa puede llevarte a no superar a tus adversarios, a no "ser mejor". No es fácil superar a alguien... superarlo quizá sí; lo complicado es la manera en que la culpa puede trabajarte tras ver su cara, su rictus. No es sencillo. No lo es. Y a veces, para algunos, a pesar de querer ganar y superar a los demás, es más cómodo no sentir culpa.
Para aquellos que no, el mundo y el éxito parecen abrirles las puertas. Sin embargo, una pregunta, y en el sentido honesto de una pregunta real: ¿cómo se manifiesta la culpa en ellos?

martes, 6 de mayo de 2014

Más acá de la educación…





“X se encuentra al cuidado y protección de su familia. Ningún derecho se encuentra vulnerado al momento de su ingreso. Tampoco se encuentra situación o circunstancia en su vida actual que amenace sus derechos fundamentales. Por elementos de la historia familiar, aportados por la adolescente, se puede presumir que su ingreso a la modalidad obedece a un conocimiento y uso por parte de sus padres de la 'red social' destinada al bienestar de sus hijos; además les interesa ampliar su perspectiva de la formación académica a la ocupación en un oficio específico. En lo que respecta a su salud mental no se identificaron signos de alteración en su desarrollo; su conducta comprende respuestas características de la adolescencia. Se encuentra en proceso de construcción de una identidad, aceptando y rechazando algunos de los elementos dados por su familia y comunidad inmediata. En este proceso de construcción se encuentra con 'oposiciones' por parte de sus padres principalmente; todos aquellos convocados a ser parte de su educación esperan (así no lo quieran) algo de ella: que se gradué del colegio, que aprenda un oficio, que continúe en la Universidad, que no ingrese a las drogas, que no se embarace, que sea todo eso y más.”

Encuentro una consecuencia lógica, casi obvia: su pereza, su desmotivación; está apabullada con tantas cosas, y lo dice entre dientes, con miedo a ser sancionada por decirlo. Lo que le gusta no lo puede hacer, porque es mujer; para su padre sería más que una decepción, un problema en realidad. Teme despertar la ira de su viejo porque alguien tendrá que pagarlo, quizá su madre, o uno de sus hermanos. Entonces se silencia y cumple. Se enoja, y mucho; no porque no entienda, sino porque no quiere entender, no le interesa.
     
Luego pienso. Yo pienso; ella me hace pensar: “sí; cierto. Pensar es forzarse, dejar de ser, renunciar a ser…”. Entonces dejó ahí. 
Ella está cansada de hablar, me mira, y yo espero en silencio. En ese preciso instante recuerdo que aun sabiendo que ya no quiere hablar, debo pedirle que quiera responderme algunas preguntas más, las más necias, las menos importantes. Entonces interrumpo esa obligación, no la reconozco en mí, no la reconozco mía, es una obligación contraída, no es una obligación que haga mía, por eso sigo teniendo problemas (yo). Entonces decido terminar y la cito para otro día.

Cuando logro salir a la calle, veo como cada cual se distancia, no sé qué harán, que pensarán. Tampoco sé que ocurrió mientras estaban en la institución. Dejo de lado el recuento del día, quiero olvidar. 
En ese paréntesis que abro para descansar, logro apartar de mi conciencia las constantes obligaciones que me siguen; han logrado que yo crea -y yo ha puesto de su parte- que lo que ocurra con sus vidas es importante, que sus elecciones pueden ser cruciales para el futuro de todos. Sin embargo, ese argumento, en realidad, lo encuentro cada vez más débil. Encuentro que me equivoco si me oriento a partir de allí.

Comienzo entonces a entender que lo que entendí de lo que pasó con la adolescente no fue sino la pura comprensión: comprendo en la medida en que me identifico con ella, comprendo hasta donde me identifico con ella, comprendo en ella las cosas mías que caben en ella. 
Es así que pude afirmar que encontré lógicas sus mudas deducciones, porque yo las completé. No importa mucho que siendo un adulto me identifique a una adolescente, nunca deserté en mi idea de que la maduración es sólo una ilusión de la que convencemos a los demás para convencernos nosotros mismos. Para mí tiene que ver con que a esa edad “te pasan” muchas cosas, no te las cobran. Entonces, dejo a un lado esas ideas preconcebidas y lo que escucho es un sujeto, uno como yo y no tanto: un sujeto como yo; es decir otro.

Ella no regresa más, tampoco salgo a buscarla. Su historia quedará en suspenso, como debe ser. El mismo suspenso que encuentro en la mía, que por más que la interrogue no la podré agotar, “a la vida no la podré agotar”. Me agoto yo, si persisto con eso de entender; y yo crece. Ella “hace”, obedece, aprendió a enseñarse cómo los demás esperan de ella, y de cierto modo ya no le cuesta responder, incluso complacer: tiene buenas notas, se las arregla para que no sepan cuando disfruta su vida, para no amargar, ni molestar a nadie. Yo no tengo nada qué pedirle, la admiro en silencio. Yo no tengo que pedirle nada, la admiro en silencio. Nada tengo yo que pedirle, en silencio la admiro.    

miércoles, 30 de abril de 2014

Sobre educación...




Hace poco me encontré en una situación en la que me cuestionaba sobre un asunto, un tema que había sido motivo de una conversación que tomó tintes de polémica y hasta de discusión, precisamente porque de lo que se trataba era de una creencia: cómo se debe educar y la co-responsabilidad. Ideas nuevas, por cierto, y como novedad, en boga.

Como se sabe, con las creencias hay dos problemas que son uno mismo: el primero es que no son cuestionables en el campo racional y lógico; el segundo es que todos las tenemos.

Esto lo digo en la medida en que he podido presenciar las quejas y reclamos que una madre le hace a una institución por el problema de adicción de uno de sus hijos. En otras ocasiones, un simple reclamo o una advertencia por parte de esa madre tienen una intención (el discurso casi siempre la tiene): comunicarte el compromiso que has adquirido como profesional cuando recibes su hijo en el lugar donde trabajas; en otras palabras, tratan de darte la impresión o impresionarte con que si algo le pasa al jovencito, será un asunto de tu incumbencia, sin importar que haya sido o no en circunstancias ajenas a tu existencia.

El adolescente, incluso el niño, lo sabe: toma noticia de esa intención de su madre; la cual ha incorporado elementos externos, del enfoque de derechos, para lograr su cometido. Ahora estos adolescentes y niños hablan sobre derechos, y algunos lo hacen con la auténtica convicción de que el mundo no les puede fallar, que los demás les deben por existir: “Están llamados a protegernos, somos el futuro”. Primera inversión: antes, supuestamente se venía al mundo en deuda, según las tradiciones religiosas, antropológicas, biológicas e incluso psicoanalítica.

Sin embargo, la exigencia de protección ("Están llamados a protegernos...") se sostiene sobre la creencia, sobre la promesa, que implica una responsabilidad ("somos el futuro"). Los niños y adolescentes, si bien son -o están- sujetos de esta responsabilidad que se les atribuye, en la mayoría de los casos pretenden ignorarla, en otros rechazarla. 

Es necesario preguntarse quién les consultó sobre semejante obligación: “Ser el futuro”, y por demás, de un futuro que otros quieren, que otros esperan. Segunda inversión y vuelta a la tradición: ahora han venido al mundo en deuda; entraron al mundo con una tarjeta de crédito de alto cupo.

Ese futuro del que ellos son -como se puede ser propiedad de algo o alguien, como es un esclavo de su amo-  no es más que uno donde pululan los ideales de salud, de longevidad, de paz, de amor por el prójimo, de cuidado al planeta, de preservación, de límites, de minimizar los riesgos aumentando la prevención, de profesionales exitosos y productivos, un futuro brillante, idealizado por la generación precedente.

Según Lacan, el libro de Jeremías dice que "Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tendrán la dentera". Por ello no es raro que ese futuro diseñado por la generación precedente este siendo prepagado a los niños y adolescentes con un presente de goce, de bienestar, un tiempo de absoluta tranquilidad, de ausencia de obligaciones. He ahí el cupo de la tarjeta de crédito.

Ahora, cuando advierto sobre quién les consultó, pues no hago sino seguir la misma tendencia que se presenta cuando se les consulta por otros temas: a los niños hoy en día hay que consultarles todo -es lo que se dice- ¿Quieres o no hacer la tarea? ¿Quieres comer? ¿Qué quieres…? Se les está consultando todo el tiempo. 

Pero no siempre ocurre así. Hubo y aún puede haber un padre o una madre que no consulte sobre nada de esto, que sencillamente ordene. Ordenar un niño, a su antojo, principalmente al deseo de una madre. De hecho es lo que sucede cuando ese futuro se diseña por la generación precedente y se soporta con políticas como la de consultarles todo y prepagarles.
  
Esta dentera de los dientes de los hijos por las uvas agrias que comieron los padres, es el retorno de lo que quiere proscribirse. Entonces otra nueva tendencia se consolida: velar por los derechos de los niños, velar porque nada (se pre-asume que externo) perturbe el desarrollo de un niño. Pero siempre puede ser interrogado el planteamiento del filósofo Rousseau ¿el individuo nace puro y la sociedad lo corrompe? Sin duda, que continuará aliado al pensamiento religioso y el asunto de El pecado original. 

Sin embargo, la construcción basada en la ciencia se abre paso, definiendo una serie de trastornos mentales que también afectan al niño y que tienen un origen de diversa índole. Pero ¿cómo orientarse en frente de ese boom de los trastornos de la infancia y la adolescencia? ¿En el boom de los medicamentos psiquiátricos?

Sorprendentemente, lo que Rousseau miraba y atribuía al exterior (afuera), no observando al niño y el fenómeno de su comportamiento, ahora la ciencia lo mira en sus genes, en su química; es una mirada puesta en el adentro. En su interior, se presume ahora, están las causas de su conducta: él niño sigue siendo obviado, incluso desechado. Ahora está en su ADN, algo en éste es el extraño responsable. Hay quienes respondieron al llamado de protegerlo de este agente patógeno: “debemos salvar el niño.” Corten.

martes, 29 de abril de 2014

El dispositivo análitico ¿online? Tercera parte

Montaña, tormenta de invierno, nieve, frío, hombre, arte wallpaper


El sacrificio por honor en la tragedia de Ayax se presenta de esta forma: no por amor a otro, no por salvar a otro, sino por evitar la vergüenza propia: por salvar-se, por amor propio. Quizá pueda explicar-se de otras mil formas, pero a mí me gusta ésta versión. No significa que sea la verdadera ni la mejor.

Debo agregar que si lo entiendo así es porque la vergüenza la comprendo con más facilidad que el amor. Siendo así que supongo que para matarse debió ser muy grande la vergüenza; tanto como lo era su nombre, puesto que sabía lo mucho que había logrado -casi a la altura de Aquiles-. Tan grande como la gloria es ahora la vergüenza.

Entonces comienzo a cercarme con ideas: 1. "no puedes retroceder después de llevarte hasta cierto punto; es imposible". 2. Tampoco se puede retroceder ante la fatídica realidad de la muerte (¿ o sí?). 3. ¿Es posible vivir pagando un precio tan alto como lo es el ver caer la construcción en que tanto te esmeraste?
He allí la encrucijada de este hombre que, al igual que Jesucristo, es un héroe. Pero ¿acaso sólo disfraza su motivo? ¿es más venerable morir por amor a los otros que por amor (y orgullo) propio? ¿En cuál prejuicio se sostiene una idea así, en caso que se quiera afirmar? 

Todo esto me sirve para afirmar que, si el amor encierra una lógica, ha de ser una cercana a la de la vergüenza. Sobre eso, el que la decepción sea un punto común, dice mucho. Pero se trata de un apodicto: "si el amor encierra una lógica": es la premisa que se toma por supuestamente cierta, sin cuestionarla, sin que su cuestión sea aquí la cuestión: se trata de un prejuicio. El precio que se paga es que el valor de verdad de la proposición no puede ser sino relativo... ¿relativo a qué? relativo al valor de la premisa. En resumen: nadie afirma que el amor encierre una lógica, pero si la encerrase, entonces... tiene una cercana, semejante estructuralmente a la de la vergüenza. Espero que en este punto aún pueda seguirse la línea lógica. Voy a tratar de ampliarlo.

"Sacrificar (se) por amor" "Sacrificar (se) por honor": sacrificar(se) por amor al otro o por el amor propio. A la final no hay ninguna diferencia: se ama, y punto. Se ama al otro que es mio o del que yo soy, se ama al yo (que siempre es otro, como dijo el poeta) que es mio o del que soy (aquí hablamos de esa fagocitación, de esa fascinación contempóranea del Narciso que no se ve en las aguas del río sino en el muro de su facebook y el número de likes que son la pompa y la vana gloria de su yo. No sin de paso recordarles los suicidios adolescentes por los exabruptos, en ese mar).

El psicoanálisis no puede facilitar el entendimiento del egoísmo que se enraíza en lo profundo del ser, pero los psicoanalistas sí pueden, quizá deba decir podemos, o debamos decir podemos. Es mejor decir que el psicoanalizarse más allá de cierto punto conlleva poder entender esa visión totalitarista del yo, esa en la que el yo aspira a inundar la "realidad" o, mejor aún, a fundirse con ella.

¿Acaso son dos cosas distintas? en todo caso, me atrevo a afirmar que es una precipitación a la muerte. Claro; el amor también. 


viernes, 25 de abril de 2014

Encuentro inédito 2


Pero pronto comienza un desajuste: comienza a irle mal como negociante, llega abatido a casa y su mujer lo desafía diciéndole una y otra vez, con desprecio: “póngase a tomar de nuevo”. Luego él, valiéndose de lo que llama “wathergate”, escucha la grabación de las llamadas que su mujer hace en su ausencia: lo va a dejar porque él ya no tiene dinero y ella sí. 
Entonces él traspasa los bienes a su madre, previendo la separación de bienes que finalmente se da. Se va a vivir a casa de la madre, y retoma el hábito de la bebida. Pronto comienza el malestar: según él, ellas (madre y hermana) lo comienzan a discriminar porque ya no tiene dinero; cuando está viendo Tv, escuchando música o haciendo ejercicios gnósticos, en su cuarto, encienden la licuadora, ponen la misa, hacen oraciones en voz alta… lo desconcentran. Si lo hace en la sala, ellas le cambian el canal o se ponen a hablar al lado de él. Lo instan a misa, a hablar de la religión de ellas, a que deje la bebida.
Recuerda que cuando era niño, su madre, a todo aquel que llegaba a la casa, le decía “vea, éste va a ser padre”, lo que le enojaba y apresuraba a desmentirla. Hasta un día en que llegó un vecino muy ingenioso que respondió a la madre: “padre sí, pero de familia”. Lo que él confirmó: "eso sí, padre de familia”.
Sin embargo, él aun se queja de este deseo de la madre: que él fuera un cura para que no gozara, para que toda la vida estuviera dándole a ella diezmos.
Fue en el marco del presunto hostigamiento que madre y hermana cernían sobre él que se dio el paso al acto: levantó el teléfono y escuchó una conversación entre madre y hermana en la que planeaban mandarlo matar de modo que pareciera un accidente. Se refugió en la bebida para sofocar la ira, y lo logró durante algunos días; pero no aguantó más, tomó un arma e hirió a la madre y luego a la hermana; y, mientras esto hacía, como la madre se interpuso, la atacó nuevamente. Ellas se fueron a buscar atención y él esperó a la policía para entregarse. 
El ataque que reposa en el expediente no es el mismo que él relata. 

A pesar de que las instancias legales por medio de papeles pusieron límites y cauciones, fue él quien pidió que nunca más se le volvieran a acercar. Pero al empezar a escucharlo, se quejaba de que ellos (madre, hermana y un tío) lo molestaban: lo espiaban cuando él se movilizaba por la ciudad, lo espiaba una familia vecina que mandaban taxis para que dieran reporte de sus actividades y rumbo. En general: ellos esperaban cerca de un lugar por el que sabían –gracias a la información de un tercero- que él iba a pasar. Él los veía de lejos, de soslayo, y sabía que eran ellos; se perturbaba y seguía adelante tratando de hacer caso omiso.

jueves, 24 de abril de 2014

"El perseguidor" Julio Cortazar



                           

   Fragmento de entrevista a Julio Cortázar
Julio Cortázar y Charlie Parker (El perseguidor )

JC: Porque de inmediato sentí que el personaje era él; porque su forma de ser, las anécdotas que yo conocía de él, su música, su inocencia, su ignorancia, toda la complejidad del personaje, era lo que yo había estado buscando.
OP: Lo que habías estado persiguiendo. El perseguidor eras vos.
JC: Sí. Pero si yo no hubiera leído esa biografía o esa necrológica de Charlie Parker, tal vez no hubiera escrito el cuento. Porque estaba muy perdido, no encontraba al personaje.
OP: Un escritor en busca de su personaje. Pero además, por lo que yo sé, tuviste otras dificultades.

JC: Hubo una doble dificultad. La primera me concierne a mí. Yo empecé a escribir "El perseguidor" profundamente embalado y escribí casi de un tirón toda la primera secuencia, esa que transcurre en la pieza del hotel, cuando Bruno va a visitar a Johnny y lo encuentra enfermo, con Dédée. Eso toma unas veinte páginas, es bastante largo. Bruno le deja algún dinero y se va, se mete en un café y trata de olvidarse, con la ambivalencia típica del personaje. Y ahí me bloqueé. Al otro día quise seguir el cuento y nada. Releí las veinte páginas y nada. Quedé totalmente bloqueado, me era imposible seguir. Entonces metí todo eso en un cajón y pasaron tres meses, una cosa muy excepcional en mi trabajo de cuentista, porque a mí los cuentos me salen de un tirón. Pasaron tres meses, entonces, me dieron un contrato en las Naciones Unidas, en Ginebra. Tenía que pasarme tres meses en una pensión y me puse a sacar papeles. Entre ellos iban esas veinte páginas, pero yo no me di cuenta. Metí todo en una maleta y me fui. Hasta que un día, en la pensión, buscando no sé qué papel, salió eso. Después de tres meses vos te releés como si eso que estás leyendo fuera de otro, ¿no? Leí, y seguí, seguí, terminé las veinte páginas, me senté a la máquina, puse una hoja y en tres días terminé el cuento. Nunca me he podido explicar la razón del bloqueo y mucho menos la razón de que haya podido empalmarlo. Pero creo que si yo no contara esto nadie se daría cuenta de que el cuento estuvo interrumpido.

miércoles, 23 de abril de 2014

El dispositivo analítico ¿online? Segunda parte



                                           



Una práctica como la del psicoanálisis ha establecido una diferencia en lo que concierne al tratamiento del sufrimiento humano: ante todo, un psicoanalista escucha a un sujeto sin el pre-juicio que representa un diagnóstico; suspende su juicio a la espera del juicio del propio sujeto, porque ese le interesa sobremanera, en tanto dispone los pesos y contrapesos que mantienen su sistema de fuerzas morales presuntamente equilibrado -así sea en equilibrio dinámico-.
El sujeto sostiene su realidad, se apresura por mantenerla equilibrada, y cuando lo malogra llega hasta la negación, asumiendo el costo de esto: sufrir. Termina así por quejarse de este sufrimiento y tomando una salida de entre el número reducido que para él en particular son posibles.

La des-compensación es irremediable. El propósito de alcanzar la felicidad, se paga caro; justamente con la infelicidad. ¿Acaso el sujeto mismo es autor de su propia desdicha? 

Ayax, uno de los héroes de la tradición griega, nos recuerda el valor del honor en la antigua Grecia. Tan lejana y potente como una estrella, la narración de Sófocles continúa iluminando el vasto cielo de la literatura universal. Pero, tan cercana como para pensar que siempre ha estado allí, que esa luz ha sido observada por innumerables generaciones, que ha sido motivo de inspiración y que puede generar suspicacia cuando se considera que esa escritura, oculta un orden particular que nos enseña las motivaciones de la acción subjetiva. Nuestro héroe no soporta saber la verdad de un hecho irremediable: que en lugar de masacrar una tropa de soldados griegos entre los que contaba a Odiseo y a Agamenón, acribillló un rebaño de ovejas. Su motivación era vengarse por no ser reconocido como el valeroso luchador que había hecho su nombre sin ayuda de ningún dios y sin invocaarlos al momento de la batalla; reclamaba la armadura de Aquiles muerto, el mayor de los guerreros. Armadura-símbolo, también objeto codiciado que al serle negado despierta su locura y su ira, que le trajeron por consecuencia la vergüenza y el deshonor. Su salida es el suicidio, el auto sacrificio.  




martes, 22 de abril de 2014

De la "carta robada" que lo sigue estando en la red. Segunda parte




“Yo sé que él sabe, que yo sé, que él sabe.” Esta frase la escuché en una presentación previa a un seminario de psicoanálisis. Encontré interesante su desarrollo porque me identifiqué en lo que reconocí como un juego intelectual, que había realizado innumerables veces con diferentes personas. Dicho juego consistía, para mí, en suponer lo que pensaba el otro acerca de mí (sobre lo que decía o hacía), y la situación comenzó a tornarse irritante por la trivialidad que caracterizaba estos pensamientos, pero sobre todo, porque comencé a abandonar mi posición personal, resistiéndome a la idea de que se trataba de algo más que obsesiones, sobre todo por su carácter repetitivo.
Comencé por darle confianza a esa sospecha que me advertía que algo estaba sin decirse, que mi esfuerzo por evitar estos pensamientos, en sí mismo era infructuoso y que no perdería más si me abandonaba a hablarlos. Esto ocurrió en el transcurso de mi análisis. Para mi sorpresa comencé a padecer de esta obsesión con mi analista: me ocupaba en pensar cómo podría agradarle, o en otras palabras, evitar su irritación.

Con el tiempo entendí que mi juego no era correspondido y que era a su vez la explicación de mi fracaso al intentar adelantarme a lo que creía era su propósito, su intención, su dirección. Un sueño bastó para revelarme el sentido de mi intención, de mi propósito: me encontraba en un sitio agradable en compañía de mi analista, quien dos pasos delante de mí avanzaba y cada tanto me miraba y sonreía. Yo quería alcanzarla y en un último esfuerzo me apresuré logrando mi cometido, pero de inmediato todo cambió; la sensación de agrado desapareció y en su lugar una angustia creciente surgió en mí. Me percaté de que estaba corriendo y que al frente sólo estaba el camino. Al mirar atrás sentí que me seguían, no pude ver quién, pero estaba cada vez más asustado. Al acercarse cada vez más sentí desfallecer y así me impresionó tanto un leve contacto que desperté. Mi prisa era el signo de la desesperación que caracterizaba aquel momento de mi vida; ese propósito de alcanzar, de sobrepasar, me advirtió lo mucho que estaba arriesgando fuera del dispositivo y que podía perder. De ahí en más, la percepción de un ritmo más acorde a mi vida se acentuó.

En el cuento de Edgar Allan Poe, que por título lleva La lettre volée (La carta robada) se me hizo clara esta lógica de “Yo sé que él sabe, que yo sé, que él sabe.” Tanto el ministro como el sagaz Dupin conocían sus métodos, el juego estaba abierto y el ministro tenía la ventaja sobre Dupin. Éste ultimó encontró el momento oportuno para precipitar la suerte que el Ministro se había fabricado. “Un designio tan funesto que si no es digno de Atreo, es digno de Tiestes.”

Suponer lo que el otro piensa, puede llevarnos a pensar lo peor, a ser autores de lo peor, fabricando afuera, de esta forma, nuestros propios miedos, siendo perseguidos por nosotros mismos: "¡Cómete tu dasein!".

miércoles, 9 de abril de 2014

Encuentro inédito 1.



Voy a tratar de reseñar una breve anamnesis del caso, con el fin de que se puedan entender un poco mejor las construcciones delirantes antes mencionadas.

Es el hijo menor de una familia de clase media conformada por los padres, hermanas y hermanos. El padre es comerciante y la madre ama de casa. 
La vocación por el comercio –que es lo que hoy lo sostiene y le permite un lugar en el mundo- la heredó, según él, del padre: “eso lo llevo en las venas”.
Para él el origen de los problemas está en que en su apariencia física no es como sus hermanos, aunque basta verlo para comprobar que sí tiene la misma apariencia; pero durante un tiempo la presencia del padre lo protege de ese tipo de discriminaciones.
Recuerda que cuando tiene seis años de edad, sostenía una caja con juegos pirotécnicos, mientras su hermano iba sacándolos y encendiéndolos. Advierte del peligro, y en seguida una chispa cae en la caja que sostiene, encendiendo la pólvora. A pesar de estarse quemando con las chispas, no es capaz de soltar la caja: se quema levemente la cara y las manos, pero no se atreve a soltarla por miedo a la reprimenda que sabe –de ello tiene certeza- el padre le daría si la dejase caer. 
Particular resulta que el padre no estaba presente, y por datos extra-clínicos se verificó -la verdad es que sin buscarlo- que para ese entonces, de hecho el padre ya estaba muerto: el padre murió cuando él apenas tenía dos años. Es su historización, según la cual el padre muere cuando él tiene siete u ocho años, dejando en libertad a sus hermanos para burlarlo por no ser físicamente como ellos, por no ser tan bien parecido. Esto le enfurecía, y entonces los perseguía con cuchillos de mesa o lo que encontrara a mano. Luego lo encerraban en un cuarto para posteriormente meterlo a una ducha fría, para que se le pasara la rabia.
Recuerda que ya por ese tiempo escuchaba voces en los momentos en que tenía estos accesos de rabia. Esas voces le decían “que sí”, y él se resistía replicándoles “que no”.

A partir de la muerte del padre, se aleja del hogar, comienza a comerciar para ganarse sus cosas, ya que en la familia se las negaban para dárselas a otros -dice él-. Resulta particular que exactamente así describirá lo que él mismo hace más adelante. Huye de ese hogar que se desploma tras la muerte del padre, cuya tumba durante veintiún años fue a visitar con la esperanza de que se levantara, y afirma haber estado dispuesto a dar toda su fortuna a cambio de que su padre se levantara y le diera la reprimenda que le hizo falta (¿la del evento de la caja de pirotécnicos?). Afirma que todas lo que en él está mal, y por lo que ha caído en una vida viciosa, es porque el padre no lo corrigió como sí lo hizo con sus hermanos (¿lo que le dio el padre a sus hermanos y a él no, como la apariencia física?).

En la vacante dejada por el padre, puso las drogas (que lo apaciguaban a la vez que eran una de las cosas que en él está mal), luego la gnosis. Gana dinero como comerciante, se casa y tiene a su hija. Por último, cuando logró una forma de trasladar el alma de los muertos, puso el alma de su padre en el cuerpo de su hija: solución que le permite seguirlo queriendo a través de ella. Así las cosas, marchan bien, al parecer, durante años.

jueves, 3 de abril de 2014

¿Una realidad escindida y opaca? y/o ¿un sujeto escindido y efímero?





Dormir conlleva una actividad asombrosa: el sueño. Habrá otras tanto o más complejas, pero ésta capta nuestra atención por sus peculiaridades o por la ausencia definitiva de las mismas. Esta experiencia es quizá una de las que más se  asemeja a lo que entendemos los legos por caos: ausencia de orden, de lógica. Sin embargo, tanto al caos como al sueño el hombre los ha intentado dominar, comprender, en el transcurrir del tiempo: los ha intentado preñar con lógica, llegando en casos excepcionales a encontrarle una que dice revelar un funcionamiento: Sencillamente eso, sin forzar ningún sentido oculto, ninguna finalidad supraterrena.

Es así como un Sigmund Freud comenzó a interesarse por el fenómeno del sueño, encontrando en él una relación con la actividad consciente, para ese entonces, aquella que hacemos en la vigilia.

En la vigilia se ha depositado la mayor de las tareas: resolver los problemas que nos conlleva vivir. Una confianza creciente se ha otorgado al sujeto de la conciencia, ese que por momentos intenta no perderse nada de “la realidad” que tiene ante sus ojos. Sorprendente-mente ese sujeto de la conciencia se siente atraído, es seducido por las producciones de la fantasía, el ensueño, los lapsus (en sus diversas índoles) por ese mundo interno que considera tan personal y que en ocasiones (la mayoría) le cuesta admitir y revelar. Además no puede evitar que esas "producciones" le sean presentadas. Aquello que el sujeto de la conciencia (ese que llamamos yo) no quiere saber reclama su lugar. 

Ese mundo interno busca resolución afuera; es entonces cuando afuera y adentro se hacen difusos, sus contornos se mezclan y el sujeto puede entrar en un laberinto para nunca salir. Que no se malentienda, no es un juego donde se sale uno por la tangente al relativizar la realidad en la que las manzanas caen gracias al artificio del afuera y adentro. Las manzanas seguirán cayendo, por supuesto, y sólo por un supuesto, el supuesto de que las condiciones que presuntamente determinan que eso sea así se mantendrán. Es que eso no es ninguna garantía, ninguna seguridad, eso no me da la certeza, eso no me permite tener la certeza de que así es.

viernes, 28 de marzo de 2014

Encuentro inédito 0.


Uno de los participantes del taller al final se me acerca y me manifiesta su alegría por poder contar con alguien que pueda ayudarlo a solucinar sus "falencias", ya que con el resto de la gente "no se puede hablar de esas cosas porque les parecen raras y creen que es que uno está loco" y "se ríen", son "ignorantes"... "es su incapacidad".
Ante la comprobación de que me limitaba a escuchar -realmente sin entender bien a qué venía el asunto y esperando una pista- sin poder reírme o extrañarme, soltó una diátriba: un relato de conjuras urdidas por "los gringos" y "los marcianos" con el fin de robar: ese era el argumento de su historia, un robo; historia cuyo relato se vio interrumpido por el llamado de un tercero.

Tuve la impresión de que se trataba de un delirante. Vaya brillante intuición, ya que en caso de ser cierto, con poco contaba yo para hacer frente a lo que allí se planteaba: lo poco que sabía de la psicosis era que no sabía mucho.
Eso fue hace ya varios años, pero hoy en día las cosas no han cambiado mucho para mí.

Contando con un poco de teoría, deseché el cognitivismo y su propuesta de rebatir sus ideas o persuadirlo de sus "creencias irracionales", me quedé con la orientación psiconalítica y lo asumí como paciente. 
Si los conocimientos eran pocos -y hoy en día sé que los necesarios y válidos-, el entusiasmo porque él pudiera dirigirse por sí mismo, dejándome el discreto papel de escribano, quizá de testigo, me daba para mucho. Sin embargo, la indicación más valiosa que para el ejercicio de la clínica pudieron darme, vino de parte de mi asesor y fue algo de lo menos dogmático: “sea prudente”; lo cual me hizo pensar rápidamente en Odiseo.


Fue de esta manera que poco a poco me fue revelando las coordenadas de sus construcciones delirantes. Sí, en plural, porque, aunque el contenido de las diferentes construcciones fuera a veces el mismo (un robo), y aunque las demás giraran en torno a esta, y nada me impidiera a mí unirlas en armonía y producir un todo, un uno, un sólo delirio, no era ese el caso para él, para quien se trataba de cosas que no eran ni distintas ni semejantes; sino que simplemente no las relacionaba de manera alguna, ni siquiera cuando yo se lo sugería.
A pesar de esto, con fines únicamente didácticos, clasifiqué sus construcciones delirantes como cuatro que aunque coexistían sin relación alguna para él, en cada momento había una u otra que toma el comando  y determinaba su comportamiento relegando a las demás.

1. La construcción delirante cósmica: Los Marcianos espían la tierra, al igual que los gringos a Colombia, con el fin de perpetuar el robo de las riquezas de que ellos carecen por “ineptos”, por “ignorantes”, “porque no saben trabajar sino robar”. Esta construcción delirante sólo comandó durante nuestro primer encuentro; luego apareció sólo por sugerencia mía, pero sin importancia alguna para él. Tal construcción lo ubica del lado del delirio de los sabios: sabe, pero no le afecta ni trata de hacer algo al respecto.

2. La construcción delirante suplente de la novela familiar: Su familia, encabezada por su madre, son unos “ineptos” que “no saben trabajar sino robar”; por eso han querido tenerlo a él siempre como su esclavo, como "un cura", "un padre" para que los mantenga; como su padre, podría decir yo. Pero a ellos no les basta con lo que él les da: a ellos lo que les interesa es robar, tomar más de lo que él les da, ya que para ellos nunca es suficiente. Esta construcción delirante es la más elaborada, robusta y extensa, pero también, paradójicamente, la que más lo afecta. Cuando esta construcción toma el comando, él es “mosqueado”, espiado por taxis, se habla de él y le roban cosas. Se ubica como un querulante, un perseguido.

3. La construcción delirante gnóstica: Según él lo historiza, en su adolescencia ingresó a un grupo de gnósticos en el cual aprendió muchas cosas, sobre todo a entender y dominar muchos de los fenómenos elementales –antes inexplicables- que en su cuerpo tenían sede desde su infancia, a partir de la muerte de su padre. Esta construcción delirante engloba también todo lo referente a los sentimientos de influencia y la transmisión del pensamiento sin palabras. Durante el comando de esta, él se dedica a la naturaleza, a hablar telepáticamente con las plantas y los extraterrestres, a desarrollar su plenitud y sus poderes; se le nota cierta calma, la cual proviene del conocimiento, por revelación, de la fecha exacta en que la población mundial va a verse diezmada por una hecatombe cósmica. Se ubica como los delirantes proféticos, en posición pseudo-mesiánica.

4. El delirio botánico-naturista: Por la misma época en que aprende –de modo autodidáctico siempre, ya que los gnósticos pronto se le quedaron cortos- sobre gnosis, aprende sobre botánica. Esto le sirve para curar –de manera particular: es él quien debe tomar los remedios- a las personas de las enfermedades (de la sangre, del hígado y del estómago) que son “deudas con Dios”, pero también para comunicarse con las plantas: ellas le hablan en un lenguaje extraño que él logra interpretar. Durante la predominanceia de esta construcción delirante actúa muy semejante a cuando predomina la gnosis, pero no hay tal tranquilidad; lo que hay es la exaltación hipomaniaca, casi hebefrénica, que le lleva a recolectar cosas y curar personas. Se ubica del lado de los elegidos, una construcción delirante reivindicatoria.

jueves, 27 de marzo de 2014

El dispositivo analítico ¿online?


   


El dispositivo analítico, con más frecuencia de lo que se piensa, es relacionado con un espacio de evaluación y diagnóstico mental al que se asiste cuando estás "mal de la cabeza"; tal cual como se asocia al psiquiatra o neurólogo. En muchos casos este pre-juicio conlleva, como todo prejuicio, una proyección fundamentada en el no saber, una suposición. Para quienes han estado en análisis, afirmar eso puede ser difícil.  

En la cotidianidad se encuentran con facilidad múltiples formas de evaluación mental a niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos; nadie escapa. La oferta es hecha por numerosas disciplinas, algunas no tan disciplinadas. Se hace más polémico el asunto del diagnóstico y tratamiento psiquiátrico en diferentes países, entre ellos E.E.U.U., comúnmente identificado como un pueblo pragmático. Es mayor la preocupación de padres de familia porque sus hijos son hiper-activos y tienen numerosos déficits, lo que los lleva a cuidar su alimentación, su educación y sus aprendizajes, obsesivamente. Simultáneamente, muchos temen llenarlos de medicamentos para controlarlos o estimularlos, más aún conociendo que muchas farmacéuticas aúnan los esfuerzos que sean necesarios para mantenerse.     
    
Hoy día un individuo (en el sentido de indivisible, porque así fue y es pensado por muchos) es diseccionado por especialistas en salud mental, sin consideración por lo que el sujeto habla: evalúan su atención, memoria, sensación, cómo se viste y se comporta. Resulta de esto una exposición detallada de partes: su pensamiento, su emoción y su volición son estudiados como en un laboratorio para luego integrar y conceptualizar (hablarlo) ese individuo, y al final son muchas las personas que sienten y piensan que no han logrado nada con todo eso. Los métodos son diversos, variados y versátiles: todo tipo de pruebas psicológicas, psico-fisiológicas, psiquiátricas, neurológicas, exámenes de laboratorio, medicamentos para la ansiedad, la tristeza, o la euforia, en fin, un aparataje disponible para el individuo de la edad moderna.

El dispositivo analítico está desprovisto de todas estas herramientas, "adolece", "carece" de todo ese arsenal de la cuasi máquina en la que se entra para ser evaluado. Su técnica es la asociación libre de palabras, su regla sólo una: "hable, explíquese" y el medio privilegiado (en ocasiones se recurre a dibujos) es la palabra; ella es la herramienta que sondea o escanea la mente, que interviene en el cuerpo imaginario, que captura el instante de una mirada o una voz inclemente. ¿Por qué no?


¿Por qué sí, lo otro?   

Entrevistas -2


Podría pretender saber y perderme de lo mejor, de lo más importante, marrar la oportunidad, cercenar lo que me puede ser presentado. Entonces mejor los dejo estar, me oriento con ellos, siendo ellos mismos los que me indican dónde preguntar, solicitar ampliación, cuestionar, callar, cortar, dejar pasar... y es precisamente esto lo que me recuerda que una vez durante una de estas entrevistas el recuerdo de una frase me consoló de mi hasta entonces aburrido trabajo: "es un encuentro inédito".
No encuentro la cita, pero sé que era la palabra de un analista refiriéndose a lo que se denomina "Presentación de enfermos", donde se entrevista a un paciente del servicio o pabellón de psiquiatría ante un público de psiquiatras, psicólogos, psicoanalistas, estudiantes para presentarlo como "caso".
Lo que voy a conservar de todo el asunto -dejando al margen el asunto histórico- es que para los "pacientes" esta puede ser una experiencia inédita, única: ser escuchado como nunca, dando lugar a poner en orden todo su asunto.
Entonces me pregunté: "¿Quién te dice entonces que de repente no les ofreces a esta gente la oportunidad de una experiencia inédita? ¿Quién te dice que no se sienten escuchados como nunca antes y que con esto no los empujas a poner un poco de orden y rigor (lógico) a su asunto?"
Muy bien: bálsamo para mí. Pero una vez recobrado el aliento y dejando atrás el dramatismo: ¿Qué consecuencias tienen esas entrevistas? Y es necesario entonces preguntarse ¿Qué consecuencias tienen esas otras en las que los "pacientes" son hablados por un cúmulo de adultos, un enjambre... una barahunda de adultos?
En la primera, el "paciente" -no puedo afirmar que el sujeto- habla, se habla, habla de sí, se dice. En las segundas es hablado, sin que llegue a ser sin embargo lo mismo que ese efecto actualizador del hablar de la madre sobre su hijo, delante de su hijo.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Entrevistas -1


De alguna manera, suspendí mi ejercicio de la clínica, la cual defino así debido a que tengo un título, registro y tarjeta profesional de psicólogo (por ahora voy a mantener mi anonimato), pero no me considero uno, y empecé a psicoanalizarme hace... varios años (creo que son cinco, y cada vez debo sacar la cuenta), pero algo me impide en ocasiones decir que soy un analista. Así como hay eventos en los cuales digo "es que los analistas somos", acotando que en ese caso debo incluirme en el conjunto. Pero, al grano.
Tras esa suspensión o corte, tuve la oportunidad, sin quererlo, mas no sé si deseándolo, de volver a ejercer la clínica: la institución que es quien paga, me pide lo que le piden: evaluaciones psicológicas, planes de trabajo, intervenciones, y seguimientos. 
Tengo entonces que entrevistar a personas, preguntarles cosas específicas, poner un poco en orden la historia, afinarla, precisarla, pulirla, matizarla, difuminarla, cortarla, elidirla (sí), y decir algo de utilidad al final. Pero, ¿creerán acaso que sé dónde y cuándo? 
Para nada.

viernes, 21 de marzo de 2014

Entrada y salida. Rápidas.

                       



El motivo por el que se consulta un psicólogo o un psicoanalista no siempre es claro para quien demanda su escucha. Para el psicoanalista, por su parte, es un enigma. En algunos casos, está encubierto tras algo o alguien y así es presentado: algo que no tiene que ver con su vida, pero lo preocupa; alguien que parece confundido, desmotivado, desinteresado, comienza a inquietarlo. 
Se presentan ocasiones en que quien pide consulta cree entender muy bien lo que le ocurre, y no necesita de un profesional, solamente condescendió a una solicitud que le hicieron. En todos los casos, tomar la decisión de pedir una cita puede parecer un salto riesgoso que termina en muchos casos descargando un sentimiento angustiante.
Después del primer acercamiento todo parece más fácil. Sin embargo, por momentos puede invadir la incertidumbre sobre lo que sigue, apresurando una salida bajo la excusa de no encontrar algo que hubiera justificado tanta predisposición o evitación al comienzo. “A uno no le hablan, no le dicen nada, a veces dicen lo que uno ya sabe”. Sorprendente enunciado que recubre la propia sordera, no sólo por desconocer lo que motiva el silencio del psicoanalista sino por no lograr escucharse en su propio decir.


Para sorpresa de quienes continúan, con el tiempo pueden percibir que algo ha cambiado, no sabe muy bien cómo, pero es diferente. Comienza a producirse una palabra que implica otra y otra, como una particular cadena de la cual sólo empieza a entender que no termina. Que te corten la producción de eslabones señala el punto que, por sí o por no, ha de terminar con el sentido que en cada momento es buscado por el hablante, en ocasiones aparentemente encontrado y que es falso presagio de una conclusión definitiva, de una palabra todopoderosa que liquide esa situación, la situación analítica. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Entrevistas -0




Pasado un tiempo dejé de quejarme de las cosas que se me piden y de lamentarme por no poder hacerlas como yo considero que se debería. Ciertamente, en al menos dos sentidos, dejé de ser un universitario: dejé de creer que el mundo es o debe ser como en un modelo teórico, que los demás son responsables por lo que considero que está mal, de hecho dejé de creer que hay cosas que están mal para entender que lo que hay son cosas que no me gustan, dejé de creer que no hago parte del grupo en el que vivo y dejé de creer que no soy cómplice de eso que suelen llamar la maquinaria.
Fue así que retomé mi experiencia como psicólogo, mi experiencia como psicoanalizante y un par de textos sobre las entrevistas de "presentación de enfermos" o "presentación de pacientes", las junté con una respuesta de Sidi Askofaré que escuché hace unos años en Medellín. El recuerdo de esa frase me hace afirmar que él dijo que el límite para el psicoanálisis en instituciones es un límite del psicoanalista, no de la institución ni del dispositivo. Y así me propuse pensar en este papel que ahora transcribo, no sin saber que serán quienes lleguen a leerlo quienes hablarán y pensarán en lo que yo escribo, afirmando que fue eso lo que quise decir, de acuerdo con la sentencia lacaniana: "Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha". Pero esa sentencia no es exigible a nadie. Entonces voy a asumir las consecuencias, a mi manera, en lo que sigue.





miércoles, 19 de marzo de 2014

viernes, 14 de marzo de 2014

De la “carta robada” que lo sigue estando en la red.



Escribirnos es una práctica milenaria. La correspondencia escrita a puño y letra está casi extinta, la que fue la precursora de los e-mails y la mensajería instantánea de nuestra época. Ahora recibir un mensaje de texto es inmediato, se puede establecer una correspondencia “sin interrupción”. La letra (carta) es más veloz. Entonces ¿qué consecuencias conlleva esto para una consulta online? O mejor escrito ¿Qué efectos conlleva esto para esa consulta online?
Por supuesto que eventualmente habrá interrupciones: podrá cortarse el encadenamiento de las letras, sea cual sea la causa (se cayó la red, se acabó la sesión, etc.). Que haya un corte puede ser, tarde o temprano, el motivo de una pesquisa a la cual se verá abocado el sujeto, quien tendría ocasión para poder preguntarse “¿dónde se interrumpe y por qué?”. Lo cual puede llevar a preguntarse luego “¿Por qué se repite lo mismo en mi vida?” Cosas que en esa consulta, además de hablarse, puede escribirse.
Podríamos enumerar muchos más hipotéticos “obstáculos” o causas del corte. Por ejemplo, quedarse en casa pensando que “no he ido al psicólogo (o al psicoanalista) por falta de tiempo y/o dinero”. Sea por donde sea que se tome el asunto, encontraremos que iniciar un análisis o una terapia y, sobre todo, continuarlos no está resuelto de antemano, y por eso no hay manera de saberlo. No existen garantías, pero tampoco existen limitaciones para hacerlo, hoy día puede ser desde su casa, desde su sala ¿Por qué no?   
Otra cuestión, si el medio es escrito puede quedar una “memoria” de la correspondencia; recurrir a ella, releerla ¿Qué podría generar? Las cartas eran conservadas en ocasiones como un grato recuerdo que revivía una emoción o conectaba con un pasado ya “olvidado”.


jueves, 13 de marzo de 2014

Atención virtual


Actualmente tomarse una foto y aplicarle un filtro antes de subirla a la red social es una técnica de maquillaje. Así como anteriormente el avatar de los hombres podía ser el automóvil en que se transportaban, hoy en día puede ser la firma al final del correo “Enviado desde mi xxxx” (donde xxxx es el dispositivo móvil desde el que se envía).
Si las personas pueden asistir a la consulta psicológica en su carro y maquilladas, si pueden asistir vestidas, con loción, afeitadas, con fajas, sin que se les exija un documento de identificación, ¿por qué no aceptar que una persona reciba la atención a través de los medios que la web pone a disposición?
Se piensa inmediatamente en personas que cuentan con poco tiempo para movilizarse hasta el lugar de la consulta, personas que tienen movilidad reducida, personas en cuya ciudad de residencia no fungen profesionales o no fungen profesionales como los que requiere o prefiere, estudiantes que requieren una asesoría, profesionales que buscan una interconsulta.
Entendemos y conocemos las inquietudes que esto plantea a ciertas disciplinas o campos, tal como es el caso del psicoanálisis; o mejor, de algunos psicoanalistas. Algunos han especulado en las brumas de la teoría, con un impresionante conocimiento y erudición sobre las obras de Freud y Lacan que solamente encuentra parangón en la ignorancia que tienen sobre las redes sociales, la informática y el cibermundo: estos psicoanalistas son totalmente ajenos a estas cosas, y eso no los detiene un segundo para dictaminar al respecto. Algunos llegan al extremo de establecer sin más ni más que el que está pegado de una pc todo el día conectado a la red está atrapado por un goce idiota, en tanto que es él con él mismo.
Se trata de un llamado al orden, sobre todo porque ha sido el psicoanálisis un campo del saber en el que de manera particular se ha cuestionado todo, no dando nada por sentado, cuestionando incluso lo que dentro de ese mismo campo pueda haberse dado por sentado. Una de las cosas que Freud pone en el centro del psicoanálisis, y gracias a lo cual alcanza su nivel, su eficacia y se mantiene vivo, es el hecho de siempre preguntarse, una y otra vez, desprejuiciadamente, sobre las cosas, interrogar a los fenómenos y esperar que sean ellos los que nos den una respuesta.
Cuando pienso en cosas como “el significante de la transferencia”, las transferencias generadas por los analistas a través de conferencias, escritos, vídeos en Youtube y comentarios (analistas no solamente son Freud y Lacan), cuando veo la fuerte presencia de la N.E.L. en la red, la presencia de grupos y escuelas de psicoanálisis en Facebook y twitter, de psicoanalistas, me pregunto por la presunta necesidad del cuerpo del analista para que haya transferencia, y por la noción de cuerpo implicada allí. Vuelve a mi mente la prescindencia hasta de la imagen del analista en el paso al diván, y sin duda la frase de Lacan: “A partir de ese momento ya no es al que está en su proximidad a quien se dirige, y ésta es la razón de que le niegue la entrevista cara a cara”; frase ante la cual hay que preguntarse por lo que sucede antes de ese paso, lo que se entiende por presencia y por imagen, y cómo pueda ser que en ocasiones haya transferencia con prescindencia del cuerpo, ¿es transferencia lo que generan Freud y Lacan (cuyos cuerpos no existen)? ¿qué es eso de transferencia de trabajo?

No me propongo cerrar el asunto. Antes por lo contrario, contribuir realmente a abrirlo, y para tratar de mantenerlo abierto dejaré una pregunta como eso que obstruya el cierre hasta que alguien pueda responder ¿por qué no?
Ciencia y fe




Aumentar la expectativa de vida es una tarea que se confía a la ciencia cada día con más fervor.

viernes, 7 de marzo de 2014

El perseguidor. (Angel. Massive attack)


"Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado."
Julio Cortázar. El perseguidor.

Genialidad y locura.

Que los genios suelan estar cerca de la locura no significa que los locos estén cerca de la genialidad.
¿A quién consideras que dejamos por fuera?

miércoles, 5 de marzo de 2014

Qué es un psicoscript (Amor 77)



Hay un momento en el que la palabra pasa de un uso utilitario a un uso lúdico. Luego, por alguna extraña razón, se pone al servicio de la creación, de la conservación... de la negación de la realidad y del tiempo: es por medio de la técnica de la palabra que dejamos de ser lo que somos para aspirar a ser lo que quisiéramos ser y que nuestro mundo deja de ser lo que es.
Esto simplemente muestra la manera en que los humanos nos valemos de las técnicas disponibles para cambiar las cosas. Como nos lo muestra el poema de Cortázar: el baño, el perfume, la ropa cómo técnicas para ser otros, negando lo que somos. 
De igual manera, hoy en día creamos un perfil en el mundo digital, ponemos fotos y decimos cosas para aspirar a ser lo que no somos... O para, siendo lo que nuestro yo no es, aspirar a ser lo que somos realmente; sin poder salir de la trampa de las palabras y la técnicas.
Es así que hoy puede uno trasvestirse e incluso cambiar de sexo, ponerse y quitarse edad, restarse arrugas y brillo...

¿Cómo lograr que las palabras no engañen a pesar de nuestra voluntad de no hacerlo? ¿Cómo usar las palabras sin redundar, sin señuelos, sin trampas, sin polisemias, sin llenar los agujeros entre nosotros con vacíos? Es la pregunta por cómo escribir un psicoscript. No es tarea sencilla.

1: Un psicoscript no puede ser hablado; debe ser escrito.
2: Debe ser económico.
3: Debe ser lógico, coherente. Aún cuándo desemboque en un sin sentido o paradoja.
4: No puede ser vacío, ni bomba lógica o bucle infinito. Aún cuando desemboque en paradoja o indecidible.

Es así que nos proponemos hacer esto. 

martes, 4 de marzo de 2014

La imagen como significante



Las imágenes en el cine se comportan de manera análoga a como Lacan dice que lo hace el significante:
En sí misma puede no comunicar nada. Sin embargo, se carga de sentido y llega a significar algo, si se encadena con otras imágenes.
 Es capaz de producir un efecto (afecto en quien la ve).
El adagio popular según el cual "una imagen vale más que mil palabras", bien nos advierte de su poder condensatorio, tan implacable como puede ser el de la palabra Coca Cola.
No debemos, a pesar de ello, perder de vista algo fundamental: el sujeto... eso que hace que no haya uno sin dos.

   

The soloist



"The soloist"

El mundo de los objetos, de las cosas, tal cual nos referimos al "tocador", "a la estufa", y también a esa cosa "que él (o ella) tienen". Pero sobre todo ese mundo de palabras, que hablan de las cosas, allá. La distancia entre las palabras y las cosas, insalvable. 
Un film que nos enseña el abismo entre "tu y yo" entre "yo y el mundo", "entre tu mundo y el mio". Podemos forzar hasta la locura el propósito de plasmar nuestros ideales en el territorio que habitamos, en el espacio que nos alberga, en las personas que nos rodean. Es de esta forma como muchas de las buenas acciones generan violencia. "The Soloist" es una invitación a reflexionar acerca de la importancia de "ordenar" primero nuestro propio mundo antes de intentar organizar el de los demás. 


lunes, 3 de marzo de 2014

“El maestro interrumpe el silencio con cualquier cosa, un sarcasmo, una patada.
Así procede, en la técnica zen, el maestro budista en la búsqueda del sentido. A los alumnos les toca buscar la respuesta a sus propias preguntas.” J. Lacan
Cuando usted piensa que está mal, o que está bien, se trata solamente de lo que usted piensa, no de cómo está: ciertamente está es pensando.

Las invasiones bárbaras


¿Acaso no pensamos por una vez, al menos, en cómo será nuestra muerte? ¿Cuándo y dónde será? Algunas personas se la imaginan en la comodidad de su hogar al lado de sus familiares y amigos. A otros sencillamente les pasa.
Puede ser un pensamiento recurrente, doloroso u horroroso, una fantasía que oculta un placer secreto. Sea como sea, imaginar nuestra muerte es un fenómeno estructural, es decir, un fenómeno inherente al hecho de hablar.
“Las invasiones bárbaras” nos pone de frente con esta realidad. Nos narra una historia entre innumerables historias sobre la muerte, pero también sobre la vida. Irremediablemente, la experiencia de nuestra muerte es articulada en vida, mientras respiramos; después, la muerte concluye con el final de la existencia. 

domingo, 2 de marzo de 2014

Con la muerte llega la paz

Pase lo que pase, haga lo que haga (aun cuando haga nada), el final invariablemente es el mismo: la muerte.
La muerte en sí misma, es decir como fin de la existencia, punto final.
Teniendo entonces presente la muerte, el fin, las cosas carecen del peso que el sentido les presta, quedando reducidas al peso que realmente tienen. Y entonces, qué cosas siguen valiendo la pena? Sabiendo de antemano el inevitable final, por cuáles cosas aun somos capaces de sufrir? Por cuáles cosas aun somos capaces de ser felices?
Sufrir y ser felices es un inevitable capricho.