jueves, 13 de marzo de 2014

Atención virtual


Actualmente tomarse una foto y aplicarle un filtro antes de subirla a la red social es una técnica de maquillaje. Así como anteriormente el avatar de los hombres podía ser el automóvil en que se transportaban, hoy en día puede ser la firma al final del correo “Enviado desde mi xxxx” (donde xxxx es el dispositivo móvil desde el que se envía).
Si las personas pueden asistir a la consulta psicológica en su carro y maquilladas, si pueden asistir vestidas, con loción, afeitadas, con fajas, sin que se les exija un documento de identificación, ¿por qué no aceptar que una persona reciba la atención a través de los medios que la web pone a disposición?
Se piensa inmediatamente en personas que cuentan con poco tiempo para movilizarse hasta el lugar de la consulta, personas que tienen movilidad reducida, personas en cuya ciudad de residencia no fungen profesionales o no fungen profesionales como los que requiere o prefiere, estudiantes que requieren una asesoría, profesionales que buscan una interconsulta.
Entendemos y conocemos las inquietudes que esto plantea a ciertas disciplinas o campos, tal como es el caso del psicoanálisis; o mejor, de algunos psicoanalistas. Algunos han especulado en las brumas de la teoría, con un impresionante conocimiento y erudición sobre las obras de Freud y Lacan que solamente encuentra parangón en la ignorancia que tienen sobre las redes sociales, la informática y el cibermundo: estos psicoanalistas son totalmente ajenos a estas cosas, y eso no los detiene un segundo para dictaminar al respecto. Algunos llegan al extremo de establecer sin más ni más que el que está pegado de una pc todo el día conectado a la red está atrapado por un goce idiota, en tanto que es él con él mismo.
Se trata de un llamado al orden, sobre todo porque ha sido el psicoanálisis un campo del saber en el que de manera particular se ha cuestionado todo, no dando nada por sentado, cuestionando incluso lo que dentro de ese mismo campo pueda haberse dado por sentado. Una de las cosas que Freud pone en el centro del psicoanálisis, y gracias a lo cual alcanza su nivel, su eficacia y se mantiene vivo, es el hecho de siempre preguntarse, una y otra vez, desprejuiciadamente, sobre las cosas, interrogar a los fenómenos y esperar que sean ellos los que nos den una respuesta.
Cuando pienso en cosas como “el significante de la transferencia”, las transferencias generadas por los analistas a través de conferencias, escritos, vídeos en Youtube y comentarios (analistas no solamente son Freud y Lacan), cuando veo la fuerte presencia de la N.E.L. en la red, la presencia de grupos y escuelas de psicoanálisis en Facebook y twitter, de psicoanalistas, me pregunto por la presunta necesidad del cuerpo del analista para que haya transferencia, y por la noción de cuerpo implicada allí. Vuelve a mi mente la prescindencia hasta de la imagen del analista en el paso al diván, y sin duda la frase de Lacan: “A partir de ese momento ya no es al que está en su proximidad a quien se dirige, y ésta es la razón de que le niegue la entrevista cara a cara”; frase ante la cual hay que preguntarse por lo que sucede antes de ese paso, lo que se entiende por presencia y por imagen, y cómo pueda ser que en ocasiones haya transferencia con prescindencia del cuerpo, ¿es transferencia lo que generan Freud y Lacan (cuyos cuerpos no existen)? ¿qué es eso de transferencia de trabajo?

No me propongo cerrar el asunto. Antes por lo contrario, contribuir realmente a abrirlo, y para tratar de mantenerlo abierto dejaré una pregunta como eso que obstruya el cierre hasta que alguien pueda responder ¿por qué no?

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