Actualmente tomarse una foto y
aplicarle un filtro antes de subirla a la red social es una técnica de
maquillaje. Así como anteriormente el avatar de los hombres podía ser el automóvil
en que se transportaban, hoy en día puede ser la firma al final del correo “Enviado
desde mi xxxx” (donde xxxx es el dispositivo móvil desde el que se envía).
Si las personas pueden asistir a
la consulta psicológica en su carro y maquilladas, si pueden asistir vestidas,
con loción, afeitadas, con fajas, sin que se les exija un documento de
identificación, ¿por qué no aceptar que una persona reciba la atención a través
de los medios que la web pone a disposición?
Se piensa inmediatamente en personas
que cuentan con poco tiempo para movilizarse hasta el lugar de la consulta,
personas que tienen movilidad reducida, personas en cuya ciudad de residencia
no fungen profesionales o no fungen profesionales como los que requiere o
prefiere, estudiantes que requieren una asesoría, profesionales que buscan una
interconsulta.
Entendemos y conocemos las
inquietudes que esto plantea a ciertas disciplinas o campos, tal como es el
caso del psicoanálisis; o mejor, de algunos psicoanalistas. Algunos han
especulado en las brumas de la teoría, con un impresionante conocimiento y
erudición sobre las obras de Freud y Lacan que solamente encuentra parangón en
la ignorancia que tienen sobre las redes sociales, la informática y el cibermundo:
estos psicoanalistas son totalmente ajenos a estas cosas, y eso no los detiene
un segundo para dictaminar al respecto. Algunos llegan al extremo de establecer
sin más ni más que el que está pegado de una pc todo el día conectado a la red
está atrapado por un goce idiota, en tanto que es él con él mismo.
Se trata de un llamado al orden,
sobre todo porque ha sido el psicoanálisis un campo del saber en el que de
manera particular se ha cuestionado todo, no dando nada por sentado,
cuestionando incluso lo que dentro de ese mismo campo pueda haberse dado por
sentado. Una de las cosas que Freud pone en el centro del psicoanálisis, y gracias
a lo cual alcanza su nivel, su eficacia y se mantiene vivo, es el hecho de
siempre preguntarse, una y otra vez, desprejuiciadamente, sobre las cosas,
interrogar a los fenómenos y esperar que sean ellos los que nos den una
respuesta.
Cuando pienso en cosas como “el
significante de la transferencia”, las transferencias generadas por los
analistas a través de conferencias, escritos, vídeos en Youtube y comentarios (analistas
no solamente son Freud y Lacan), cuando veo la fuerte presencia de la N.E.L. en
la red, la presencia de grupos y escuelas de psicoanálisis en Facebook y
twitter, de psicoanalistas, me pregunto por la presunta necesidad del cuerpo
del analista para que haya transferencia, y por la noción de cuerpo implicada
allí. Vuelve a mi mente la prescindencia hasta de la imagen del analista en el
paso al diván, y sin duda la frase de Lacan: “A partir de ese momento ya no es
al que está en su proximidad a quien se dirige, y ésta es la razón de que le
niegue la entrevista cara a cara”; frase ante la cual hay que preguntarse por
lo que sucede antes de ese paso, lo que se entiende por presencia y por imagen,
y cómo pueda ser que en ocasiones haya transferencia con prescindencia del
cuerpo, ¿es transferencia lo que generan Freud y Lacan (cuyos cuerpos no
existen)? ¿qué es eso de transferencia de trabajo?
No me propongo cerrar el asunto. Antes
por lo contrario, contribuir
realmente a abrirlo, y para tratar de mantenerlo abierto dejaré una pregunta
como eso que obstruya el cierre hasta que alguien pueda responder ¿por qué no?

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