El dispositivo analítico, con más
frecuencia de lo que se piensa, es relacionado con un espacio de evaluación y diagnóstico mental al que se asiste cuando estás "mal de la cabeza"; tal cual como se asocia al psiquiatra o neurólogo. En muchos casos este pre-juicio
conlleva, como todo prejuicio, una proyección fundamentada en el no saber, una suposición. Para quienes han estado en análisis, afirmar eso puede ser difícil.
En la cotidianidad se
encuentran con facilidad múltiples formas de evaluación mental a niños,
adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos; nadie escapa. La oferta es hecha por numerosas disciplinas, algunas no tan disciplinadas. Se hace más polémico el asunto del diagnóstico y tratamiento psiquiátrico en diferentes países, entre ellos E.E.U.U., comúnmente identificado como un pueblo pragmático. Es mayor la preocupación de padres de familia porque sus hijos son hiper-activos y tienen numerosos déficits, lo que los lleva a cuidar su alimentación, su educación y sus aprendizajes, obsesivamente. Simultáneamente, muchos temen llenarlos de medicamentos para controlarlos o estimularlos, más aún conociendo que muchas farmacéuticas aúnan los esfuerzos que sean necesarios para mantenerse.
Hoy día un individuo (en el sentido de
indivisible, porque así fue y es pensado por muchos) es diseccionado por especialistas en salud mental, sin consideración por lo que el sujeto habla: evalúan su atención, memoria, sensación, cómo
se viste y se comporta. Resulta de esto una exposición detallada de partes: su
pensamiento, su emoción y su volición son estudiados como en un laboratorio
para luego integrar y conceptualizar (hablarlo) ese individuo, y al final son muchas las personas que sienten y piensan que no han logrado nada con todo eso. Los métodos son diversos, variados y versátiles: todo tipo de pruebas psicológicas, psico-fisiológicas, psiquiátricas, neurológicas, exámenes
de laboratorio, medicamentos para la ansiedad, la tristeza, o la euforia, en fin, un aparataje disponible para el individuo de la edad moderna.
El dispositivo analítico está
desprovisto de todas estas herramientas, "adolece", "carece" de todo ese arsenal de la cuasi máquina en la que se entra para ser evaluado. Su técnica es la asociación libre de palabras, su regla sólo una: "hable, explíquese" y el medio privilegiado (en ocasiones se recurre a dibujos) es la palabra; ella es la
herramienta que sondea o escanea la mente, que interviene en el cuerpo imaginario,
que captura el instante de una mirada o una voz inclemente. ¿Por qué no?
¿Por qué sí, lo otro?
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