Dormir conlleva una actividad asombrosa: el sueño. Habrá otras tanto o más complejas, pero ésta capta nuestra atención por sus peculiaridades o por la ausencia definitiva de las mismas. Esta experiencia es quizá una de las que más se asemeja a lo que entendemos los legos por caos: ausencia de orden, de lógica. Sin embargo, tanto al caos como al sueño el hombre los ha intentado dominar, comprender, en el transcurrir del tiempo: los ha intentado preñar con lógica, llegando en casos excepcionales a encontrarle una que dice revelar un funcionamiento: Sencillamente eso, sin forzar ningún sentido oculto, ninguna finalidad supraterrena.
Es así como un Sigmund Freud
comenzó a interesarse por el fenómeno del sueño, encontrando en él una
relación con la actividad consciente, para ese entonces, aquella que hacemos en la
vigilia.
En la vigilia se ha depositado la
mayor de las tareas: resolver los problemas que nos conlleva vivir. Una
confianza creciente se ha otorgado al sujeto de la conciencia, ese que por momentos intenta
no perderse nada de “la realidad” que tiene ante sus ojos. Sorprendente-mente ese sujeto de la conciencia se siente atraído, es seducido por las producciones de la fantasía, el ensueño, los lapsus (en sus diversas índoles) por ese mundo interno que considera tan personal y que en ocasiones (la mayoría) le cuesta admitir y revelar. Además no puede evitar que esas "producciones" le sean presentadas. Aquello que el sujeto de la conciencia (ese que llamamos yo) no quiere saber reclama su lugar.
Ese mundo interno busca resolución afuera; es entonces cuando afuera y adentro se hacen difusos, sus contornos se mezclan y el sujeto puede entrar en un laberinto para nunca salir. Que no se malentienda, no es un juego donde se sale uno por la tangente al relativizar la realidad en la que las manzanas caen gracias al artificio del afuera y adentro. Las manzanas seguirán cayendo, por supuesto, y sólo por un supuesto, el supuesto de que las condiciones que presuntamente determinan que eso sea así se mantendrán. Es que eso no es ninguna garantía, ninguna seguridad, eso no me da la certeza, eso no me permite tener la certeza de que así es.
Ese mundo interno busca resolución afuera; es entonces cuando afuera y adentro se hacen difusos, sus contornos se mezclan y el sujeto puede entrar en un laberinto para nunca salir. Que no se malentienda, no es un juego donde se sale uno por la tangente al relativizar la realidad en la que las manzanas caen gracias al artificio del afuera y adentro. Las manzanas seguirán cayendo, por supuesto, y sólo por un supuesto, el supuesto de que las condiciones que presuntamente determinan que eso sea así se mantendrán. Es que eso no es ninguna garantía, ninguna seguridad, eso no me da la certeza, eso no me permite tener la certeza de que así es.
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