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miércoles, 9 de abril de 2014

Encuentro inédito 1.



Voy a tratar de reseñar una breve anamnesis del caso, con el fin de que se puedan entender un poco mejor las construcciones delirantes antes mencionadas.

Es el hijo menor de una familia de clase media conformada por los padres, hermanas y hermanos. El padre es comerciante y la madre ama de casa. 
La vocación por el comercio –que es lo que hoy lo sostiene y le permite un lugar en el mundo- la heredó, según él, del padre: “eso lo llevo en las venas”.
Para él el origen de los problemas está en que en su apariencia física no es como sus hermanos, aunque basta verlo para comprobar que sí tiene la misma apariencia; pero durante un tiempo la presencia del padre lo protege de ese tipo de discriminaciones.
Recuerda que cuando tiene seis años de edad, sostenía una caja con juegos pirotécnicos, mientras su hermano iba sacándolos y encendiéndolos. Advierte del peligro, y en seguida una chispa cae en la caja que sostiene, encendiendo la pólvora. A pesar de estarse quemando con las chispas, no es capaz de soltar la caja: se quema levemente la cara y las manos, pero no se atreve a soltarla por miedo a la reprimenda que sabe –de ello tiene certeza- el padre le daría si la dejase caer. 
Particular resulta que el padre no estaba presente, y por datos extra-clínicos se verificó -la verdad es que sin buscarlo- que para ese entonces, de hecho el padre ya estaba muerto: el padre murió cuando él apenas tenía dos años. Es su historización, según la cual el padre muere cuando él tiene siete u ocho años, dejando en libertad a sus hermanos para burlarlo por no ser físicamente como ellos, por no ser tan bien parecido. Esto le enfurecía, y entonces los perseguía con cuchillos de mesa o lo que encontrara a mano. Luego lo encerraban en un cuarto para posteriormente meterlo a una ducha fría, para que se le pasara la rabia.
Recuerda que ya por ese tiempo escuchaba voces en los momentos en que tenía estos accesos de rabia. Esas voces le decían “que sí”, y él se resistía replicándoles “que no”.

A partir de la muerte del padre, se aleja del hogar, comienza a comerciar para ganarse sus cosas, ya que en la familia se las negaban para dárselas a otros -dice él-. Resulta particular que exactamente así describirá lo que él mismo hace más adelante. Huye de ese hogar que se desploma tras la muerte del padre, cuya tumba durante veintiún años fue a visitar con la esperanza de que se levantara, y afirma haber estado dispuesto a dar toda su fortuna a cambio de que su padre se levantara y le diera la reprimenda que le hizo falta (¿la del evento de la caja de pirotécnicos?). Afirma que todas lo que en él está mal, y por lo que ha caído en una vida viciosa, es porque el padre no lo corrigió como sí lo hizo con sus hermanos (¿lo que le dio el padre a sus hermanos y a él no, como la apariencia física?).

En la vacante dejada por el padre, puso las drogas (que lo apaciguaban a la vez que eran una de las cosas que en él está mal), luego la gnosis. Gana dinero como comerciante, se casa y tiene a su hija. Por último, cuando logró una forma de trasladar el alma de los muertos, puso el alma de su padre en el cuerpo de su hija: solución que le permite seguirlo queriendo a través de ella. Así las cosas, marchan bien, al parecer, durante años.

viernes, 28 de marzo de 2014

Encuentro inédito 0.


Uno de los participantes del taller al final se me acerca y me manifiesta su alegría por poder contar con alguien que pueda ayudarlo a solucinar sus "falencias", ya que con el resto de la gente "no se puede hablar de esas cosas porque les parecen raras y creen que es que uno está loco" y "se ríen", son "ignorantes"... "es su incapacidad".
Ante la comprobación de que me limitaba a escuchar -realmente sin entender bien a qué venía el asunto y esperando una pista- sin poder reírme o extrañarme, soltó una diátriba: un relato de conjuras urdidas por "los gringos" y "los marcianos" con el fin de robar: ese era el argumento de su historia, un robo; historia cuyo relato se vio interrumpido por el llamado de un tercero.

Tuve la impresión de que se trataba de un delirante. Vaya brillante intuición, ya que en caso de ser cierto, con poco contaba yo para hacer frente a lo que allí se planteaba: lo poco que sabía de la psicosis era que no sabía mucho.
Eso fue hace ya varios años, pero hoy en día las cosas no han cambiado mucho para mí.

Contando con un poco de teoría, deseché el cognitivismo y su propuesta de rebatir sus ideas o persuadirlo de sus "creencias irracionales", me quedé con la orientación psiconalítica y lo asumí como paciente. 
Si los conocimientos eran pocos -y hoy en día sé que los necesarios y válidos-, el entusiasmo porque él pudiera dirigirse por sí mismo, dejándome el discreto papel de escribano, quizá de testigo, me daba para mucho. Sin embargo, la indicación más valiosa que para el ejercicio de la clínica pudieron darme, vino de parte de mi asesor y fue algo de lo menos dogmático: “sea prudente”; lo cual me hizo pensar rápidamente en Odiseo.


Fue de esta manera que poco a poco me fue revelando las coordenadas de sus construcciones delirantes. Sí, en plural, porque, aunque el contenido de las diferentes construcciones fuera a veces el mismo (un robo), y aunque las demás giraran en torno a esta, y nada me impidiera a mí unirlas en armonía y producir un todo, un uno, un sólo delirio, no era ese el caso para él, para quien se trataba de cosas que no eran ni distintas ni semejantes; sino que simplemente no las relacionaba de manera alguna, ni siquiera cuando yo se lo sugería.
A pesar de esto, con fines únicamente didácticos, clasifiqué sus construcciones delirantes como cuatro que aunque coexistían sin relación alguna para él, en cada momento había una u otra que toma el comando  y determinaba su comportamiento relegando a las demás.

1. La construcción delirante cósmica: Los Marcianos espían la tierra, al igual que los gringos a Colombia, con el fin de perpetuar el robo de las riquezas de que ellos carecen por “ineptos”, por “ignorantes”, “porque no saben trabajar sino robar”. Esta construcción delirante sólo comandó durante nuestro primer encuentro; luego apareció sólo por sugerencia mía, pero sin importancia alguna para él. Tal construcción lo ubica del lado del delirio de los sabios: sabe, pero no le afecta ni trata de hacer algo al respecto.

2. La construcción delirante suplente de la novela familiar: Su familia, encabezada por su madre, son unos “ineptos” que “no saben trabajar sino robar”; por eso han querido tenerlo a él siempre como su esclavo, como "un cura", "un padre" para que los mantenga; como su padre, podría decir yo. Pero a ellos no les basta con lo que él les da: a ellos lo que les interesa es robar, tomar más de lo que él les da, ya que para ellos nunca es suficiente. Esta construcción delirante es la más elaborada, robusta y extensa, pero también, paradójicamente, la que más lo afecta. Cuando esta construcción toma el comando, él es “mosqueado”, espiado por taxis, se habla de él y le roban cosas. Se ubica como un querulante, un perseguido.

3. La construcción delirante gnóstica: Según él lo historiza, en su adolescencia ingresó a un grupo de gnósticos en el cual aprendió muchas cosas, sobre todo a entender y dominar muchos de los fenómenos elementales –antes inexplicables- que en su cuerpo tenían sede desde su infancia, a partir de la muerte de su padre. Esta construcción delirante engloba también todo lo referente a los sentimientos de influencia y la transmisión del pensamiento sin palabras. Durante el comando de esta, él se dedica a la naturaleza, a hablar telepáticamente con las plantas y los extraterrestres, a desarrollar su plenitud y sus poderes; se le nota cierta calma, la cual proviene del conocimiento, por revelación, de la fecha exacta en que la población mundial va a verse diezmada por una hecatombe cósmica. Se ubica como los delirantes proféticos, en posición pseudo-mesiánica.

4. El delirio botánico-naturista: Por la misma época en que aprende –de modo autodidáctico siempre, ya que los gnósticos pronto se le quedaron cortos- sobre gnosis, aprende sobre botánica. Esto le sirve para curar –de manera particular: es él quien debe tomar los remedios- a las personas de las enfermedades (de la sangre, del hígado y del estómago) que son “deudas con Dios”, pero también para comunicarse con las plantas: ellas le hablan en un lenguaje extraño que él logra interpretar. Durante la predominanceia de esta construcción delirante actúa muy semejante a cuando predomina la gnosis, pero no hay tal tranquilidad; lo que hay es la exaltación hipomaniaca, casi hebefrénica, que le lleva a recolectar cosas y curar personas. Se ubica del lado de los elegidos, una construcción delirante reivindicatoria.