viernes, 25 de abril de 2014

Encuentro inédito 2


Pero pronto comienza un desajuste: comienza a irle mal como negociante, llega abatido a casa y su mujer lo desafía diciéndole una y otra vez, con desprecio: “póngase a tomar de nuevo”. Luego él, valiéndose de lo que llama “wathergate”, escucha la grabación de las llamadas que su mujer hace en su ausencia: lo va a dejar porque él ya no tiene dinero y ella sí. 
Entonces él traspasa los bienes a su madre, previendo la separación de bienes que finalmente se da. Se va a vivir a casa de la madre, y retoma el hábito de la bebida. Pronto comienza el malestar: según él, ellas (madre y hermana) lo comienzan a discriminar porque ya no tiene dinero; cuando está viendo Tv, escuchando música o haciendo ejercicios gnósticos, en su cuarto, encienden la licuadora, ponen la misa, hacen oraciones en voz alta… lo desconcentran. Si lo hace en la sala, ellas le cambian el canal o se ponen a hablar al lado de él. Lo instan a misa, a hablar de la religión de ellas, a que deje la bebida.
Recuerda que cuando era niño, su madre, a todo aquel que llegaba a la casa, le decía “vea, éste va a ser padre”, lo que le enojaba y apresuraba a desmentirla. Hasta un día en que llegó un vecino muy ingenioso que respondió a la madre: “padre sí, pero de familia”. Lo que él confirmó: "eso sí, padre de familia”.
Sin embargo, él aun se queja de este deseo de la madre: que él fuera un cura para que no gozara, para que toda la vida estuviera dándole a ella diezmos.
Fue en el marco del presunto hostigamiento que madre y hermana cernían sobre él que se dio el paso al acto: levantó el teléfono y escuchó una conversación entre madre y hermana en la que planeaban mandarlo matar de modo que pareciera un accidente. Se refugió en la bebida para sofocar la ira, y lo logró durante algunos días; pero no aguantó más, tomó un arma e hirió a la madre y luego a la hermana; y, mientras esto hacía, como la madre se interpuso, la atacó nuevamente. Ellas se fueron a buscar atención y él esperó a la policía para entregarse. 
El ataque que reposa en el expediente no es el mismo que él relata. 

A pesar de que las instancias legales por medio de papeles pusieron límites y cauciones, fue él quien pidió que nunca más se le volvieran a acercar. Pero al empezar a escucharlo, se quejaba de que ellos (madre, hermana y un tío) lo molestaban: lo espiaban cuando él se movilizaba por la ciudad, lo espiaba una familia vecina que mandaban taxis para que dieran reporte de sus actividades y rumbo. En general: ellos esperaban cerca de un lugar por el que sabían –gracias a la información de un tercero- que él iba a pasar. Él los veía de lejos, de soslayo, y sabía que eran ellos; se perturbaba y seguía adelante tratando de hacer caso omiso.

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