Escribirnos es una práctica
milenaria. La correspondencia escrita a puño y letra está casi extinta, la que fue
la precursora de los e-mails y la mensajería instantánea de nuestra época.
Ahora recibir un mensaje de texto es inmediato, se puede establecer una
correspondencia “sin interrupción”. La letra (carta) es más veloz. Entonces
¿qué consecuencias conlleva esto para una consulta online? O mejor escrito ¿Qué efectos conlleva esto para esa consulta online?
Por supuesto que eventualmente habrá
interrupciones: podrá cortarse el encadenamiento de las letras, sea cual sea la
causa (se cayó la red, se acabó la sesión, etc.). Que haya un corte puede ser,
tarde o temprano, el motivo de una pesquisa a la cual se verá abocado el
sujeto, quien tendría ocasión para poder preguntarse “¿dónde se interrumpe y
por qué?”. Lo cual puede llevar a preguntarse luego “¿Por qué se repite lo
mismo en mi vida?” Cosas que en esa consulta,
además de hablarse, puede escribirse.
Podríamos enumerar muchos más
hipotéticos “obstáculos” o causas del corte. Por ejemplo, quedarse en casa pensando que “no he ido al psicólogo (o al psicoanalista)
por falta de tiempo y/o dinero”. Sea por donde sea que se tome el asunto,
encontraremos que iniciar un análisis o una terapia y, sobre todo, continuarlos
no está resuelto de antemano, y por eso no hay manera de saberlo. No existen
garantías, pero tampoco existen limitaciones para hacerlo, hoy día puede ser desde
su casa, desde su sala ¿Por qué no?
Otra cuestión, si el medio es
escrito puede quedar una “memoria” de la correspondencia; recurrir a ella,
releerla ¿Qué podría generar? Las cartas eran conservadas en ocasiones como un
grato recuerdo que revivía una emoción o conectaba con un pasado ya “olvidado”.

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