Es cotidiano ser testigo de sujetos, que apenas puestos sobre sus dos piernas y apertrechados tras un orgullo tan falso como puede ser todo orgullo, decir "no me arrepiento de nada".
A lo mejor algunos sepan, aunque sea de mala manera, el análisis llevado a cabo por Freud sobre lo que encuebre una negación: básicamente, porque no pretendo hacer un curso de psicoanálisis freudiano, básicamente se trata de que una manera de decir algo reprimido es diciéndolo bajo la forma de un chiste, un sueño, un equívoco o precediéndolo por la partícula "no": "no te odio", es una buena manera de poder manifestar el odio que se siente por alguien. Ahora, pido el favor a quien pueda llegar a leer esto, que no se dedique a lo que se llama psicoanálisis silvestre: andarse por ahí endilgándole sus interpretaciones de sentido a otros, atribuyéndole lo que interpereta al que habla. Es de pésimo gusto y contraproducente.
Retomando. Esa pretención de je ne regret rien (véase la famosa canción de Edith Piaf), es una brabuconada que puede ser bien costosa en consecuencias, porque sostenerse en esa posición es acuciante en la medida en que mientras más tiempo pase más difícil es desistir y más complicado sostenerse: se construye así un lugar inhabitable.
Simplemente, la culpa, un poco como lo pueden leer en las sagradas escrituras, es fundamental: fundamental en el sentido en que un cuerpo se sostiene sobre sus fundamentos gracias el equilibrio de su peso y la normal: la normal, si bien fuerza opositora a la acción del peso, es necesaria. En todo caso, es la culpa lo que sostiene, es uno de los sostenes (me es difícil dejar pasar las ambigüedades del sentido de las palabras: "sostenes" ¿de cuáles?) del humano. Es posible constatar que se trata de "animal", de "bestia", de inhumano a aquellos que aparentan no sentir culpa o que no dan muestras de sentirla.
Se puede pensar en un violador, en un asesino, pero también apelativos como bestia o máquina surgen ante atletas y portentos de desempeño que superan a todos sus adversarios: es verdad, la culpa puede llevarte a no superar a tus adversarios, a no "ser mejor". No es fácil superar a alguien... superarlo quizá sí; lo complicado es la manera en que la culpa puede trabajarte tras ver su cara, su rictus. No es sencillo. No lo es. Y a veces, para algunos, a pesar de querer ganar y superar a los demás, es más cómodo no sentir culpa.
Para aquellos que no, el mundo y el éxito parecen abrirles las puertas. Sin embargo, una pregunta, y en el sentido honesto de una pregunta real: ¿cómo se manifiesta la culpa en ellos?
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