domingo, 2 de marzo de 2014

Con la muerte llega la paz

Pase lo que pase, haga lo que haga (aun cuando haga nada), el final invariablemente es el mismo: la muerte.
La muerte en sí misma, es decir como fin de la existencia, punto final.
Teniendo entonces presente la muerte, el fin, las cosas carecen del peso que el sentido les presta, quedando reducidas al peso que realmente tienen. Y entonces, qué cosas siguen valiendo la pena? Sabiendo de antemano el inevitable final, por cuáles cosas aun somos capaces de sufrir? Por cuáles cosas aun somos capaces de ser felices?
Sufrir y ser felices es un inevitable capricho.

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