viernes, 28 de marzo de 2014

Encuentro inédito 0.


Uno de los participantes del taller al final se me acerca y me manifiesta su alegría por poder contar con alguien que pueda ayudarlo a solucinar sus "falencias", ya que con el resto de la gente "no se puede hablar de esas cosas porque les parecen raras y creen que es que uno está loco" y "se ríen", son "ignorantes"... "es su incapacidad".
Ante la comprobación de que me limitaba a escuchar -realmente sin entender bien a qué venía el asunto y esperando una pista- sin poder reírme o extrañarme, soltó una diátriba: un relato de conjuras urdidas por "los gringos" y "los marcianos" con el fin de robar: ese era el argumento de su historia, un robo; historia cuyo relato se vio interrumpido por el llamado de un tercero.

Tuve la impresión de que se trataba de un delirante. Vaya brillante intuición, ya que en caso de ser cierto, con poco contaba yo para hacer frente a lo que allí se planteaba: lo poco que sabía de la psicosis era que no sabía mucho.
Eso fue hace ya varios años, pero hoy en día las cosas no han cambiado mucho para mí.

Contando con un poco de teoría, deseché el cognitivismo y su propuesta de rebatir sus ideas o persuadirlo de sus "creencias irracionales", me quedé con la orientación psiconalítica y lo asumí como paciente. 
Si los conocimientos eran pocos -y hoy en día sé que los necesarios y válidos-, el entusiasmo porque él pudiera dirigirse por sí mismo, dejándome el discreto papel de escribano, quizá de testigo, me daba para mucho. Sin embargo, la indicación más valiosa que para el ejercicio de la clínica pudieron darme, vino de parte de mi asesor y fue algo de lo menos dogmático: “sea prudente”; lo cual me hizo pensar rápidamente en Odiseo.


Fue de esta manera que poco a poco me fue revelando las coordenadas de sus construcciones delirantes. Sí, en plural, porque, aunque el contenido de las diferentes construcciones fuera a veces el mismo (un robo), y aunque las demás giraran en torno a esta, y nada me impidiera a mí unirlas en armonía y producir un todo, un uno, un sólo delirio, no era ese el caso para él, para quien se trataba de cosas que no eran ni distintas ni semejantes; sino que simplemente no las relacionaba de manera alguna, ni siquiera cuando yo se lo sugería.
A pesar de esto, con fines únicamente didácticos, clasifiqué sus construcciones delirantes como cuatro que aunque coexistían sin relación alguna para él, en cada momento había una u otra que toma el comando  y determinaba su comportamiento relegando a las demás.

1. La construcción delirante cósmica: Los Marcianos espían la tierra, al igual que los gringos a Colombia, con el fin de perpetuar el robo de las riquezas de que ellos carecen por “ineptos”, por “ignorantes”, “porque no saben trabajar sino robar”. Esta construcción delirante sólo comandó durante nuestro primer encuentro; luego apareció sólo por sugerencia mía, pero sin importancia alguna para él. Tal construcción lo ubica del lado del delirio de los sabios: sabe, pero no le afecta ni trata de hacer algo al respecto.

2. La construcción delirante suplente de la novela familiar: Su familia, encabezada por su madre, son unos “ineptos” que “no saben trabajar sino robar”; por eso han querido tenerlo a él siempre como su esclavo, como "un cura", "un padre" para que los mantenga; como su padre, podría decir yo. Pero a ellos no les basta con lo que él les da: a ellos lo que les interesa es robar, tomar más de lo que él les da, ya que para ellos nunca es suficiente. Esta construcción delirante es la más elaborada, robusta y extensa, pero también, paradójicamente, la que más lo afecta. Cuando esta construcción toma el comando, él es “mosqueado”, espiado por taxis, se habla de él y le roban cosas. Se ubica como un querulante, un perseguido.

3. La construcción delirante gnóstica: Según él lo historiza, en su adolescencia ingresó a un grupo de gnósticos en el cual aprendió muchas cosas, sobre todo a entender y dominar muchos de los fenómenos elementales –antes inexplicables- que en su cuerpo tenían sede desde su infancia, a partir de la muerte de su padre. Esta construcción delirante engloba también todo lo referente a los sentimientos de influencia y la transmisión del pensamiento sin palabras. Durante el comando de esta, él se dedica a la naturaleza, a hablar telepáticamente con las plantas y los extraterrestres, a desarrollar su plenitud y sus poderes; se le nota cierta calma, la cual proviene del conocimiento, por revelación, de la fecha exacta en que la población mundial va a verse diezmada por una hecatombe cósmica. Se ubica como los delirantes proféticos, en posición pseudo-mesiánica.

4. El delirio botánico-naturista: Por la misma época en que aprende –de modo autodidáctico siempre, ya que los gnósticos pronto se le quedaron cortos- sobre gnosis, aprende sobre botánica. Esto le sirve para curar –de manera particular: es él quien debe tomar los remedios- a las personas de las enfermedades (de la sangre, del hígado y del estómago) que son “deudas con Dios”, pero también para comunicarse con las plantas: ellas le hablan en un lenguaje extraño que él logra interpretar. Durante la predominanceia de esta construcción delirante actúa muy semejante a cuando predomina la gnosis, pero no hay tal tranquilidad; lo que hay es la exaltación hipomaniaca, casi hebefrénica, que le lleva a recolectar cosas y curar personas. Se ubica del lado de los elegidos, una construcción delirante reivindicatoria.

jueves, 27 de marzo de 2014

El dispositivo analítico ¿online?


   


El dispositivo analítico, con más frecuencia de lo que se piensa, es relacionado con un espacio de evaluación y diagnóstico mental al que se asiste cuando estás "mal de la cabeza"; tal cual como se asocia al psiquiatra o neurólogo. En muchos casos este pre-juicio conlleva, como todo prejuicio, una proyección fundamentada en el no saber, una suposición. Para quienes han estado en análisis, afirmar eso puede ser difícil.  

En la cotidianidad se encuentran con facilidad múltiples formas de evaluación mental a niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos; nadie escapa. La oferta es hecha por numerosas disciplinas, algunas no tan disciplinadas. Se hace más polémico el asunto del diagnóstico y tratamiento psiquiátrico en diferentes países, entre ellos E.E.U.U., comúnmente identificado como un pueblo pragmático. Es mayor la preocupación de padres de familia porque sus hijos son hiper-activos y tienen numerosos déficits, lo que los lleva a cuidar su alimentación, su educación y sus aprendizajes, obsesivamente. Simultáneamente, muchos temen llenarlos de medicamentos para controlarlos o estimularlos, más aún conociendo que muchas farmacéuticas aúnan los esfuerzos que sean necesarios para mantenerse.     
    
Hoy día un individuo (en el sentido de indivisible, porque así fue y es pensado por muchos) es diseccionado por especialistas en salud mental, sin consideración por lo que el sujeto habla: evalúan su atención, memoria, sensación, cómo se viste y se comporta. Resulta de esto una exposición detallada de partes: su pensamiento, su emoción y su volición son estudiados como en un laboratorio para luego integrar y conceptualizar (hablarlo) ese individuo, y al final son muchas las personas que sienten y piensan que no han logrado nada con todo eso. Los métodos son diversos, variados y versátiles: todo tipo de pruebas psicológicas, psico-fisiológicas, psiquiátricas, neurológicas, exámenes de laboratorio, medicamentos para la ansiedad, la tristeza, o la euforia, en fin, un aparataje disponible para el individuo de la edad moderna.

El dispositivo analítico está desprovisto de todas estas herramientas, "adolece", "carece" de todo ese arsenal de la cuasi máquina en la que se entra para ser evaluado. Su técnica es la asociación libre de palabras, su regla sólo una: "hable, explíquese" y el medio privilegiado (en ocasiones se recurre a dibujos) es la palabra; ella es la herramienta que sondea o escanea la mente, que interviene en el cuerpo imaginario, que captura el instante de una mirada o una voz inclemente. ¿Por qué no?


¿Por qué sí, lo otro?   

Entrevistas -2


Podría pretender saber y perderme de lo mejor, de lo más importante, marrar la oportunidad, cercenar lo que me puede ser presentado. Entonces mejor los dejo estar, me oriento con ellos, siendo ellos mismos los que me indican dónde preguntar, solicitar ampliación, cuestionar, callar, cortar, dejar pasar... y es precisamente esto lo que me recuerda que una vez durante una de estas entrevistas el recuerdo de una frase me consoló de mi hasta entonces aburrido trabajo: "es un encuentro inédito".
No encuentro la cita, pero sé que era la palabra de un analista refiriéndose a lo que se denomina "Presentación de enfermos", donde se entrevista a un paciente del servicio o pabellón de psiquiatría ante un público de psiquiatras, psicólogos, psicoanalistas, estudiantes para presentarlo como "caso".
Lo que voy a conservar de todo el asunto -dejando al margen el asunto histórico- es que para los "pacientes" esta puede ser una experiencia inédita, única: ser escuchado como nunca, dando lugar a poner en orden todo su asunto.
Entonces me pregunté: "¿Quién te dice entonces que de repente no les ofreces a esta gente la oportunidad de una experiencia inédita? ¿Quién te dice que no se sienten escuchados como nunca antes y que con esto no los empujas a poner un poco de orden y rigor (lógico) a su asunto?"
Muy bien: bálsamo para mí. Pero una vez recobrado el aliento y dejando atrás el dramatismo: ¿Qué consecuencias tienen esas entrevistas? Y es necesario entonces preguntarse ¿Qué consecuencias tienen esas otras en las que los "pacientes" son hablados por un cúmulo de adultos, un enjambre... una barahunda de adultos?
En la primera, el "paciente" -no puedo afirmar que el sujeto- habla, se habla, habla de sí, se dice. En las segundas es hablado, sin que llegue a ser sin embargo lo mismo que ese efecto actualizador del hablar de la madre sobre su hijo, delante de su hijo.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Entrevistas -1


De alguna manera, suspendí mi ejercicio de la clínica, la cual defino así debido a que tengo un título, registro y tarjeta profesional de psicólogo (por ahora voy a mantener mi anonimato), pero no me considero uno, y empecé a psicoanalizarme hace... varios años (creo que son cinco, y cada vez debo sacar la cuenta), pero algo me impide en ocasiones decir que soy un analista. Así como hay eventos en los cuales digo "es que los analistas somos", acotando que en ese caso debo incluirme en el conjunto. Pero, al grano.
Tras esa suspensión o corte, tuve la oportunidad, sin quererlo, mas no sé si deseándolo, de volver a ejercer la clínica: la institución que es quien paga, me pide lo que le piden: evaluaciones psicológicas, planes de trabajo, intervenciones, y seguimientos. 
Tengo entonces que entrevistar a personas, preguntarles cosas específicas, poner un poco en orden la historia, afinarla, precisarla, pulirla, matizarla, difuminarla, cortarla, elidirla (sí), y decir algo de utilidad al final. Pero, ¿creerán acaso que sé dónde y cuándo? 
Para nada.

viernes, 21 de marzo de 2014

Entrada y salida. Rápidas.

                       



El motivo por el que se consulta un psicólogo o un psicoanalista no siempre es claro para quien demanda su escucha. Para el psicoanalista, por su parte, es un enigma. En algunos casos, está encubierto tras algo o alguien y así es presentado: algo que no tiene que ver con su vida, pero lo preocupa; alguien que parece confundido, desmotivado, desinteresado, comienza a inquietarlo. 
Se presentan ocasiones en que quien pide consulta cree entender muy bien lo que le ocurre, y no necesita de un profesional, solamente condescendió a una solicitud que le hicieron. En todos los casos, tomar la decisión de pedir una cita puede parecer un salto riesgoso que termina en muchos casos descargando un sentimiento angustiante.
Después del primer acercamiento todo parece más fácil. Sin embargo, por momentos puede invadir la incertidumbre sobre lo que sigue, apresurando una salida bajo la excusa de no encontrar algo que hubiera justificado tanta predisposición o evitación al comienzo. “A uno no le hablan, no le dicen nada, a veces dicen lo que uno ya sabe”. Sorprendente enunciado que recubre la propia sordera, no sólo por desconocer lo que motiva el silencio del psicoanalista sino por no lograr escucharse en su propio decir.


Para sorpresa de quienes continúan, con el tiempo pueden percibir que algo ha cambiado, no sabe muy bien cómo, pero es diferente. Comienza a producirse una palabra que implica otra y otra, como una particular cadena de la cual sólo empieza a entender que no termina. Que te corten la producción de eslabones señala el punto que, por sí o por no, ha de terminar con el sentido que en cada momento es buscado por el hablante, en ocasiones aparentemente encontrado y que es falso presagio de una conclusión definitiva, de una palabra todopoderosa que liquide esa situación, la situación analítica. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Entrevistas -0




Pasado un tiempo dejé de quejarme de las cosas que se me piden y de lamentarme por no poder hacerlas como yo considero que se debería. Ciertamente, en al menos dos sentidos, dejé de ser un universitario: dejé de creer que el mundo es o debe ser como en un modelo teórico, que los demás son responsables por lo que considero que está mal, de hecho dejé de creer que hay cosas que están mal para entender que lo que hay son cosas que no me gustan, dejé de creer que no hago parte del grupo en el que vivo y dejé de creer que no soy cómplice de eso que suelen llamar la maquinaria.
Fue así que retomé mi experiencia como psicólogo, mi experiencia como psicoanalizante y un par de textos sobre las entrevistas de "presentación de enfermos" o "presentación de pacientes", las junté con una respuesta de Sidi Askofaré que escuché hace unos años en Medellín. El recuerdo de esa frase me hace afirmar que él dijo que el límite para el psicoanálisis en instituciones es un límite del psicoanalista, no de la institución ni del dispositivo. Y así me propuse pensar en este papel que ahora transcribo, no sin saber que serán quienes lleguen a leerlo quienes hablarán y pensarán en lo que yo escribo, afirmando que fue eso lo que quise decir, de acuerdo con la sentencia lacaniana: "Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha". Pero esa sentencia no es exigible a nadie. Entonces voy a asumir las consecuencias, a mi manera, en lo que sigue.





miércoles, 19 de marzo de 2014

viernes, 14 de marzo de 2014

De la “carta robada” que lo sigue estando en la red.



Escribirnos es una práctica milenaria. La correspondencia escrita a puño y letra está casi extinta, la que fue la precursora de los e-mails y la mensajería instantánea de nuestra época. Ahora recibir un mensaje de texto es inmediato, se puede establecer una correspondencia “sin interrupción”. La letra (carta) es más veloz. Entonces ¿qué consecuencias conlleva esto para una consulta online? O mejor escrito ¿Qué efectos conlleva esto para esa consulta online?
Por supuesto que eventualmente habrá interrupciones: podrá cortarse el encadenamiento de las letras, sea cual sea la causa (se cayó la red, se acabó la sesión, etc.). Que haya un corte puede ser, tarde o temprano, el motivo de una pesquisa a la cual se verá abocado el sujeto, quien tendría ocasión para poder preguntarse “¿dónde se interrumpe y por qué?”. Lo cual puede llevar a preguntarse luego “¿Por qué se repite lo mismo en mi vida?” Cosas que en esa consulta, además de hablarse, puede escribirse.
Podríamos enumerar muchos más hipotéticos “obstáculos” o causas del corte. Por ejemplo, quedarse en casa pensando que “no he ido al psicólogo (o al psicoanalista) por falta de tiempo y/o dinero”. Sea por donde sea que se tome el asunto, encontraremos que iniciar un análisis o una terapia y, sobre todo, continuarlos no está resuelto de antemano, y por eso no hay manera de saberlo. No existen garantías, pero tampoco existen limitaciones para hacerlo, hoy día puede ser desde su casa, desde su sala ¿Por qué no?   
Otra cuestión, si el medio es escrito puede quedar una “memoria” de la correspondencia; recurrir a ella, releerla ¿Qué podría generar? Las cartas eran conservadas en ocasiones como un grato recuerdo que revivía una emoción o conectaba con un pasado ya “olvidado”.


jueves, 13 de marzo de 2014

Atención virtual


Actualmente tomarse una foto y aplicarle un filtro antes de subirla a la red social es una técnica de maquillaje. Así como anteriormente el avatar de los hombres podía ser el automóvil en que se transportaban, hoy en día puede ser la firma al final del correo “Enviado desde mi xxxx” (donde xxxx es el dispositivo móvil desde el que se envía).
Si las personas pueden asistir a la consulta psicológica en su carro y maquilladas, si pueden asistir vestidas, con loción, afeitadas, con fajas, sin que se les exija un documento de identificación, ¿por qué no aceptar que una persona reciba la atención a través de los medios que la web pone a disposición?
Se piensa inmediatamente en personas que cuentan con poco tiempo para movilizarse hasta el lugar de la consulta, personas que tienen movilidad reducida, personas en cuya ciudad de residencia no fungen profesionales o no fungen profesionales como los que requiere o prefiere, estudiantes que requieren una asesoría, profesionales que buscan una interconsulta.
Entendemos y conocemos las inquietudes que esto plantea a ciertas disciplinas o campos, tal como es el caso del psicoanálisis; o mejor, de algunos psicoanalistas. Algunos han especulado en las brumas de la teoría, con un impresionante conocimiento y erudición sobre las obras de Freud y Lacan que solamente encuentra parangón en la ignorancia que tienen sobre las redes sociales, la informática y el cibermundo: estos psicoanalistas son totalmente ajenos a estas cosas, y eso no los detiene un segundo para dictaminar al respecto. Algunos llegan al extremo de establecer sin más ni más que el que está pegado de una pc todo el día conectado a la red está atrapado por un goce idiota, en tanto que es él con él mismo.
Se trata de un llamado al orden, sobre todo porque ha sido el psicoanálisis un campo del saber en el que de manera particular se ha cuestionado todo, no dando nada por sentado, cuestionando incluso lo que dentro de ese mismo campo pueda haberse dado por sentado. Una de las cosas que Freud pone en el centro del psicoanálisis, y gracias a lo cual alcanza su nivel, su eficacia y se mantiene vivo, es el hecho de siempre preguntarse, una y otra vez, desprejuiciadamente, sobre las cosas, interrogar a los fenómenos y esperar que sean ellos los que nos den una respuesta.
Cuando pienso en cosas como “el significante de la transferencia”, las transferencias generadas por los analistas a través de conferencias, escritos, vídeos en Youtube y comentarios (analistas no solamente son Freud y Lacan), cuando veo la fuerte presencia de la N.E.L. en la red, la presencia de grupos y escuelas de psicoanálisis en Facebook y twitter, de psicoanalistas, me pregunto por la presunta necesidad del cuerpo del analista para que haya transferencia, y por la noción de cuerpo implicada allí. Vuelve a mi mente la prescindencia hasta de la imagen del analista en el paso al diván, y sin duda la frase de Lacan: “A partir de ese momento ya no es al que está en su proximidad a quien se dirige, y ésta es la razón de que le niegue la entrevista cara a cara”; frase ante la cual hay que preguntarse por lo que sucede antes de ese paso, lo que se entiende por presencia y por imagen, y cómo pueda ser que en ocasiones haya transferencia con prescindencia del cuerpo, ¿es transferencia lo que generan Freud y Lacan (cuyos cuerpos no existen)? ¿qué es eso de transferencia de trabajo?

No me propongo cerrar el asunto. Antes por lo contrario, contribuir realmente a abrirlo, y para tratar de mantenerlo abierto dejaré una pregunta como eso que obstruya el cierre hasta que alguien pueda responder ¿por qué no?
Ciencia y fe




Aumentar la expectativa de vida es una tarea que se confía a la ciencia cada día con más fervor.

viernes, 7 de marzo de 2014

El perseguidor. (Angel. Massive attack)


"Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado."
Julio Cortázar. El perseguidor.

Genialidad y locura.

Que los genios suelan estar cerca de la locura no significa que los locos estén cerca de la genialidad.
¿A quién consideras que dejamos por fuera?

miércoles, 5 de marzo de 2014

Qué es un psicoscript (Amor 77)



Hay un momento en el que la palabra pasa de un uso utilitario a un uso lúdico. Luego, por alguna extraña razón, se pone al servicio de la creación, de la conservación... de la negación de la realidad y del tiempo: es por medio de la técnica de la palabra que dejamos de ser lo que somos para aspirar a ser lo que quisiéramos ser y que nuestro mundo deja de ser lo que es.
Esto simplemente muestra la manera en que los humanos nos valemos de las técnicas disponibles para cambiar las cosas. Como nos lo muestra el poema de Cortázar: el baño, el perfume, la ropa cómo técnicas para ser otros, negando lo que somos. 
De igual manera, hoy en día creamos un perfil en el mundo digital, ponemos fotos y decimos cosas para aspirar a ser lo que no somos... O para, siendo lo que nuestro yo no es, aspirar a ser lo que somos realmente; sin poder salir de la trampa de las palabras y la técnicas.
Es así que hoy puede uno trasvestirse e incluso cambiar de sexo, ponerse y quitarse edad, restarse arrugas y brillo...

¿Cómo lograr que las palabras no engañen a pesar de nuestra voluntad de no hacerlo? ¿Cómo usar las palabras sin redundar, sin señuelos, sin trampas, sin polisemias, sin llenar los agujeros entre nosotros con vacíos? Es la pregunta por cómo escribir un psicoscript. No es tarea sencilla.

1: Un psicoscript no puede ser hablado; debe ser escrito.
2: Debe ser económico.
3: Debe ser lógico, coherente. Aún cuándo desemboque en un sin sentido o paradoja.
4: No puede ser vacío, ni bomba lógica o bucle infinito. Aún cuando desemboque en paradoja o indecidible.

Es así que nos proponemos hacer esto. 

martes, 4 de marzo de 2014

La imagen como significante



Las imágenes en el cine se comportan de manera análoga a como Lacan dice que lo hace el significante:
En sí misma puede no comunicar nada. Sin embargo, se carga de sentido y llega a significar algo, si se encadena con otras imágenes.
 Es capaz de producir un efecto (afecto en quien la ve).
El adagio popular según el cual "una imagen vale más que mil palabras", bien nos advierte de su poder condensatorio, tan implacable como puede ser el de la palabra Coca Cola.
No debemos, a pesar de ello, perder de vista algo fundamental: el sujeto... eso que hace que no haya uno sin dos.

   

The soloist



"The soloist"

El mundo de los objetos, de las cosas, tal cual nos referimos al "tocador", "a la estufa", y también a esa cosa "que él (o ella) tienen". Pero sobre todo ese mundo de palabras, que hablan de las cosas, allá. La distancia entre las palabras y las cosas, insalvable. 
Un film que nos enseña el abismo entre "tu y yo" entre "yo y el mundo", "entre tu mundo y el mio". Podemos forzar hasta la locura el propósito de plasmar nuestros ideales en el territorio que habitamos, en el espacio que nos alberga, en las personas que nos rodean. Es de esta forma como muchas de las buenas acciones generan violencia. "The Soloist" es una invitación a reflexionar acerca de la importancia de "ordenar" primero nuestro propio mundo antes de intentar organizar el de los demás. 


lunes, 3 de marzo de 2014

“El maestro interrumpe el silencio con cualquier cosa, un sarcasmo, una patada.
Así procede, en la técnica zen, el maestro budista en la búsqueda del sentido. A los alumnos les toca buscar la respuesta a sus propias preguntas.” J. Lacan
Cuando usted piensa que está mal, o que está bien, se trata solamente de lo que usted piensa, no de cómo está: ciertamente está es pensando.

Las invasiones bárbaras


¿Acaso no pensamos por una vez, al menos, en cómo será nuestra muerte? ¿Cuándo y dónde será? Algunas personas se la imaginan en la comodidad de su hogar al lado de sus familiares y amigos. A otros sencillamente les pasa.
Puede ser un pensamiento recurrente, doloroso u horroroso, una fantasía que oculta un placer secreto. Sea como sea, imaginar nuestra muerte es un fenómeno estructural, es decir, un fenómeno inherente al hecho de hablar.
“Las invasiones bárbaras” nos pone de frente con esta realidad. Nos narra una historia entre innumerables historias sobre la muerte, pero también sobre la vida. Irremediablemente, la experiencia de nuestra muerte es articulada en vida, mientras respiramos; después, la muerte concluye con el final de la existencia. 

domingo, 2 de marzo de 2014

Con la muerte llega la paz

Pase lo que pase, haga lo que haga (aun cuando haga nada), el final invariablemente es el mismo: la muerte.
La muerte en sí misma, es decir como fin de la existencia, punto final.
Teniendo entonces presente la muerte, el fin, las cosas carecen del peso que el sentido les presta, quedando reducidas al peso que realmente tienen. Y entonces, qué cosas siguen valiendo la pena? Sabiendo de antemano el inevitable final, por cuáles cosas aun somos capaces de sufrir? Por cuáles cosas aun somos capaces de ser felices?
Sufrir y ser felices es un inevitable capricho.