Hace poco me encontré en una situación
en la que me cuestionaba sobre un asunto, un tema que había sido motivo de una conversación que tomó tintes de polémica y hasta de discusión, precisamente porque de lo que se trataba era de una creencia: cómo se debe educar y la co-responsabilidad. Ideas nuevas, por cierto, y como novedad, en boga.
Como se sabe, con las creencias hay dos problemas que son uno mismo: el primero es que no son cuestionables en el campo racional y lógico; el segundo es que todos las tenemos.
Como se sabe, con las creencias hay dos problemas que son uno mismo: el primero es que no son cuestionables en el campo racional y lógico; el segundo es que todos las tenemos.
Esto lo digo en la medida en que he podido presenciar las quejas y
reclamos que una madre le hace a una institución por el problema de adicción de
uno de sus hijos. En otras ocasiones, un simple reclamo o una advertencia por parte de esa madre tienen una intención (el discurso casi siempre la tiene): comunicarte el compromiso que has adquirido como
profesional cuando recibes su hijo en el lugar donde trabajas; en otras
palabras, tratan de darte la impresión o impresionarte con que si algo le pasa al jovencito, será
un asunto de tu incumbencia, sin importar que haya sido o no en circunstancias
ajenas a tu existencia.
El adolescente, incluso el niño, lo sabe: toma noticia de esa intención de su madre; la cual ha incorporado elementos externos, del enfoque de derechos, para lograr su cometido. Ahora estos adolescentes y niños hablan sobre derechos, y algunos lo hacen con la auténtica convicción de que el mundo no les puede fallar, que los demás les deben por existir: “Están llamados a protegernos, somos el futuro”. Primera inversión: antes, supuestamente se venía al mundo en deuda, según las tradiciones religiosas, antropológicas, biológicas e incluso psicoanalítica.
El adolescente, incluso el niño, lo sabe: toma noticia de esa intención de su madre; la cual ha incorporado elementos externos, del enfoque de derechos, para lograr su cometido. Ahora estos adolescentes y niños hablan sobre derechos, y algunos lo hacen con la auténtica convicción de que el mundo no les puede fallar, que los demás les deben por existir: “Están llamados a protegernos, somos el futuro”. Primera inversión: antes, supuestamente se venía al mundo en deuda, según las tradiciones religiosas, antropológicas, biológicas e incluso psicoanalítica.
Sin embargo, la exigencia de protección ("Están llamados a protegernos...") se sostiene sobre la creencia, sobre la promesa, que implica una responsabilidad ("somos el futuro"). Los niños y adolescentes, si bien son -o están- sujetos de esta responsabilidad
que se les atribuye, en la mayoría de los casos pretenden ignorarla, en otros rechazarla.
Es necesario preguntarse quién les consultó sobre semejante obligación: “Ser el futuro”, y por demás, de un futuro que otros quieren, que otros esperan. Segunda inversión y vuelta a la tradición: ahora han venido al mundo en deuda; entraron al mundo con una tarjeta de crédito de alto cupo.
Ese futuro del que ellos son -como se puede ser propiedad de algo o alguien, como es un esclavo de su amo- no es más que uno donde pululan los ideales de salud, de longevidad, de paz, de amor por el prójimo, de cuidado al planeta, de preservación, de límites, de minimizar los riesgos aumentando la prevención, de profesionales exitosos y productivos, un futuro brillante, idealizado por la generación precedente.
Según Lacan, el libro de Jeremías dice que "Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tendrán la dentera". Por ello no es raro que ese futuro diseñado por la generación precedente este siendo prepagado a los niños y adolescentes con un presente de goce, de bienestar, un tiempo de absoluta tranquilidad, de ausencia de obligaciones. He ahí el cupo de la tarjeta de crédito.
Es necesario preguntarse quién les consultó sobre semejante obligación: “Ser el futuro”, y por demás, de un futuro que otros quieren, que otros esperan. Segunda inversión y vuelta a la tradición: ahora han venido al mundo en deuda; entraron al mundo con una tarjeta de crédito de alto cupo.
Ese futuro del que ellos son -como se puede ser propiedad de algo o alguien, como es un esclavo de su amo- no es más que uno donde pululan los ideales de salud, de longevidad, de paz, de amor por el prójimo, de cuidado al planeta, de preservación, de límites, de minimizar los riesgos aumentando la prevención, de profesionales exitosos y productivos, un futuro brillante, idealizado por la generación precedente.
Según Lacan, el libro de Jeremías dice que "Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tendrán la dentera". Por ello no es raro que ese futuro diseñado por la generación precedente este siendo prepagado a los niños y adolescentes con un presente de goce, de bienestar, un tiempo de absoluta tranquilidad, de ausencia de obligaciones. He ahí el cupo de la tarjeta de crédito.
Ahora, cuando advierto sobre quién les
consultó, pues no hago sino seguir la misma tendencia que se presenta cuando se
les consulta por otros temas: a los niños hoy en día hay que consultarles todo -es lo que se dice- ¿Quieres o no hacer la tarea? ¿Quieres
comer? ¿Qué quieres…? Se les está consultando todo el tiempo.
Pero no siempre ocurre así. Hubo y aún puede haber un padre o una madre que no consulte sobre nada de esto, que sencillamente ordene. Ordenar un niño, a su antojo, principalmente al deseo de una madre. De hecho es lo que sucede cuando ese futuro se diseña por la generación precedente y se soporta con políticas como la de consultarles todo y prepagarles.
Pero no siempre ocurre así. Hubo y aún puede haber un padre o una madre que no consulte sobre nada de esto, que sencillamente ordene. Ordenar un niño, a su antojo, principalmente al deseo de una madre. De hecho es lo que sucede cuando ese futuro se diseña por la generación precedente y se soporta con políticas como la de consultarles todo y prepagarles.
Esta dentera de los dientes de los hijos por las uvas agrias que comieron los padres, es el retorno de lo que quiere proscribirse. Entonces otra nueva tendencia se consolida: velar por los derechos de los niños, velar porque nada (se pre-asume que externo) perturbe el desarrollo de un niño. Pero siempre puede ser
interrogado el planteamiento del filósofo Rousseau ¿el individuo nace puro y la
sociedad lo corrompe? Sin duda, que continuará aliado al pensamiento religioso y el asunto de El pecado original.
Sin embargo, la construcción basada en la ciencia se abre paso, definiendo una serie de trastornos mentales que también afectan al niño y que tienen un origen de diversa índole. Pero ¿cómo orientarse en frente de ese boom de los trastornos de la infancia y la adolescencia? ¿En el boom de los medicamentos psiquiátricos?
Sorprendentemente, lo que Rousseau miraba y atribuía
al exterior (afuera), no observando al niño y el fenómeno de su comportamiento,
ahora la ciencia lo mira en sus genes, en su química; es una mirada puesta en
el adentro. En su interior, se presume
ahora, están las causas de su conducta: él
niño sigue siendo obviado, incluso desechado. Ahora está en su ADN, algo en éste es el extraño responsable. Hay
quienes respondieron al llamado de protegerlo de este agente patógeno: “debemos
salvar el niño.” Corten.
Sin embargo, la construcción basada en la ciencia se abre paso, definiendo una serie de trastornos mentales que también afectan al niño y que tienen un origen de diversa índole. Pero ¿cómo orientarse en frente de ese boom de los trastornos de la infancia y la adolescencia? ¿En el boom de los medicamentos psiquiátricos?


